Plomo y Pluma: Cortés y los teules

Presentar a Cortés como un dios azteca, que regresaba a tomar posesión de sus tierras, legitimaba la presencia de los primeros españoles

Columna Plomo y Pluma / Christian Duverger / Opinión El Heraldo de México
Columna Plomo y Pluma / Christian Duverger / Opinión El Heraldo de México

Como parte de la leyenda asociada a la llegada de los españoles a México, quedó asentada como semi certeza la idea de que los indígenas consideraron a los recién llegados como dioses. Y se planteó el vasto tema del regreso de Quetzalcóatl, ese dios supuestamente blanco y barbado, que había huido de Tula hacia el este para desaparecer en el mar. Dado que el año cristiano 1519 correspondía al año indígena 1-acatl, nombre calendárico de la Serpiente emplumada, los mesoamericanos se habrían confundido por la coincidencia en las fechas. En verdad es poco creíble. 

Nada en la conducta de los españoles podía inspirar tal interpretación en los indígenas. ¿Por qué un dios mexicano intentaría derrocar sus propias figuras en sus templos? ¿Por qué un dios mexicano rechazaría los sacrificios humanos, piedra angular de las instituciones socio-religiosas prehispánicas? Por si fuera poco, los primeros combates demostraron fehacientemente la vulnerabilidad de los extranjeros. Es factible pensar que nunca.existió la menor duda sobre la naturaleza humana de los españoles. Entonces, ¿cómo explicar tal leyenda cuya presencia en las crónicas está comprobada? Hay dos puntos que aclarar. La palabra que aparece en los textos del siglo XVI es teules. Una cierta tradición relaciona la palabra con el náhuatl teotl, que se traduce como dios. Si los propios aztecas emplearon la voz, ¿eso no significaría que consideraron a los españoles como dioses? Hay que entender que la transcripción fonética del náhuatl en caracteres latinos siempre fue aproximada. Tenemos, por ejemplo, un sinnúmero de grafías para el tlatoani mexica: Moctezuma, Motecuzoma, Motecsuma o Montezuma. Lo mismo ocurrió con teules; la palabra transcribe muy probablemente el tecutli náhuatl que quiere decir señor y que se puede también escribir teuctli o teutli. No resulta sorprendente que los mesoamericanos hayan llamado a Cortés y sus lugartenientes señores. Pero dioses, resulta inverosímil.

Sin embargo, la asociación Cortés-Quetzalcóatl está de hecho presente en textos escritos en el siglo XVI. ¿Cómo podemos explicarlo? El análisis de las crónicas permite comprobar que los textos que hacen referencia a esta leyenda son principalmente posteriores a 1565. Algo sucede ese año: la Corona, que tenía dificultades para controlar a la Nueva España, tuvo la idea de confiar el poder a los tres hijos de Hernán Cortés con la finalidad de integrar tanto a los indios y a la primera generación criolla en el crisol de un país mestizo y bilingüe. La nueva nación tenía necesidad de un mito de origen. Es por ello que se consiguió el apoyo –y el saber– de los franciscanos. Los aztecas tenían en su panteón una curiosa figura llamada la Serpiente de plumas verdes. Ese Quetzalcóatl se asociaba con el planeta Venus, que tiene un ciclo extraño, unas veces matutino, otras vespertino. Ese ciclo de muerte y de resurrección le había conferido a Quetzalcóatl una personalidad cíclica hecha de apariciones y desapariciones. Esos rasgos míticos incitaron a algún exégeta a sobreponer la imagen de Quetzalcóatl en la de Cortés. Presentar a Cortés como un dios azteca, que regresaba a tomar posesión de sus tierras, legitimaba la presencia de los primeros españoles. Cortés ya no era un invasor extranjero que exterminaba a la civilización autóctona, sino un indio entre los indios que volvía con los suyos después de una larga migración que lo devolvía a su punto de partida.

Fracasó la tentativa de los tres hermanos, pero la versión retocada del mito, que fusionaba la figura de Quetzalcóatl con la de Cortés, tuvo tanto éxito que constituye en la actualidad la versión más difundida de los relatos de la Conquista.

Por: Christian Duverger

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