Son personas, no números

A pesar de la importancia del número de fallecidos en un acontecimiento, las cifras convierten a todas esas personas en datos, como si fuera más fácil digerir la enorme cantidad de muertes y olvidando que detrás de cada número, había un ser humano

Ignacio Anaya Minjarez / Miradas al pasado / El Heraldo de México

Nos hemos valido de las cifras numéricas para juzgar la gravedad de los acontecimientos o determinar su importancia. Si preguntan cuál fue la batalla más importante de la Primera Guerra Mundial, la mayoría dirá que la del Somme, no porque haya sido decisiva para el conflicto, sino por la enorme cantidad de muertes que hubo en ella, alcanzado el millón.

Igualmente usamos las cifras de fallecimientos para determinar, e incluso clasificar, las pandemias que han azotado a la humanidad. Es en términos generales una necroestadística, donde la muerte se convierte en la principal, y en ocasiones, la única herramienta de medición sobre un determinado hecho.

Por ejemplo, si investigamos sobre las plagas, el primer dato que arrojan los recursos electrónicos, así como textos sobre el tema, es el número de fallecidos, de manera que, dicha cifra es el principal elemento a tomar en cuenta para contabilizar y medir la magnitud de dicho acontecimiento.

No obstante, la ecuación no se limita a tomar en consideración el número de muertos, sino también en cuánto tiempo murieron. En otras palabras, una enfermedad que mató más personas en un periodo más corto obtiene mayor relevancia que las demás. Posteriormente entran en juego otros factores como los efectos económicos y los políticos.  

A pesar de que sea importante conocer el número de fallecidos respecto a un determinado acontecimiento, esto a su vez tiene considerables problemáticas. La mayor de ellas es que convierte a todas esas personas en datos, como si fuera más fácil digerir la enorme cantidad de muertes, al no tomar en cuenta las subjetividades y olvidando que detrás de cada número había un ser humano.

Lo hemos visto ahora con la pandemia de coronavirus, donde se usan cifras y porcentajes para su medición, tanto a nivel mundial como en cada país. Curiosamente el dato que siempre pasa a segundo plano, pero que está ahí presente, es el de los recuperados.

Por otro lado, siempre se realizan comparaciones con el pasado para bajarle la gravedad a la crisis actual. Nunca faltan las personas que le restan seriedad al coronavirus con el argumento de que la gripe española mató más gente, como si se tratara de una competencia para ver cual pandemia se lleva el primer lugar de muertes.

Con eso, la estadística se convierte en el arma de los ignorantes, quienes usan las cifras de fallecidos para justificar su propio actuar. Con esto no planteo restarle importancia a la estadística respecto a su función para el análisis de los acontecimientos. No obstante, es necesaria la reflexión y crítica sobre ella, ya que finalmente es solo un reflejo superficial y me atrevería a decir que también está dotada de frialdad, sobre elementos que van más allá de los números.  

POR IGNACIO ANAYA MINJAREZ

@IGNACIOANAY

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