Peña y el pasador de charola

La principal habilidad de Ruiz Esparza –El pasador de Charola– se ha mantenido lustrosa e inquieta en la antesala de la definición del candidato del PRI.


La historia del ascenso del gobernador Enrique Peña y cómo logró ganar la candidatura del PRI en diciembre de 2011 es esencial para entender las raíces de la presidencia autoritaria que construiría años después.

Hay dos protagonistas indispensables en esta historia: dinero y relaciones políticas y económicas.

En lo formal Peña logró sumar a su proyecto a personajes y grupos influyentes desde la Cámara de Diputados, donde el grupo peñista liderado por Luis Videgaray en la Comisión de Presupuesto se convirtió en una puerta a la que debían llamar los gobernadores para negociar los fondos que reciben cada año.

Se trató de una estrategia precisa para consolidar al gobernador Peña, desde el Congreso. Carlos Rojas, José Ramón Martel y César Augusto Santiago, se encargaron de construir acuerdos con el PAN y el calderonismo para aprobar los recursos de los estados gobernados por priistas.

En lo informal, desde el gobierno del Estado de México, Peña cumplió en una escala macro el compromiso que asumieron los gobernadores priístas tras la derrota ante Fox para desviar fondos de sus estados al PRI y a sus campañas políticas.

Desde entonces uno de sus colaborares más cercanos descolló por sus habilidades para diseñar y negociar proyectos que envolvían cientos o miles de millones de pesos: Gerardo Ruiz Esparza.

Instalado en la secretaría de Comunicaciones del Estado de México, al secretario que será recordado en unos años por el socavón de Cuernavaca sus compañeros de gabinete, los periodistas y los empresarios le llamaban El pasador de charola.

Los reporteros Sandra García y Enrique Gómez documentaron cómo las empresas que recibieron contratos millonarios en el Estado de México –entre ellas OHL– se convirtieron en financiadoras de la campaña de Peña a la Presidencia.

Tres informantes que formaron parte del gobierno de Peña en la tierra del Profe Hank –un político pobre es un pobre político– me confirmaron que de las arcas del gobierno del Estado de México salieron más de mil millones de pesos para apoyar las campañas del PRI.

Es posible que jamás podamos confirmar esto si miramos las denuncias documentadas sobre el desvío de miles de millones de pesos desde el gobierno de Borge en Quintana Roo, sin que haya ocurrido nada.

Pero el desvío de fondos desde los gobiernos para respaldar proyectos políticos es tan común y frecuente como el espionaje telefónico: todos sabemos que existe, aunque como el fantasma –o el chupacabras, más cercano y tropical– siempre se niega su existencia.

Este contexto puede ayudar a entender la manera en la que Peña, esta vez desde el gobierno federal, echó la casa por la ventana para respaldar con fondos federales la campaña de Del Mazo en el Estado de México.

Y cómo la principal habilidad de Ruiz Esparza –El pasador de Charola– se ha mantenido lustrosa e inquieta en la antesala de la definición del candidato del PRI.

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