Peña y el candidato del PRI: ¿imposición o sumisión?

¿Qué gobernadores del PRI se han rebelado contra el poder absoluto del presidente en la nominación del candidato?


Ha iniciado la Asamblea Nacional del PRI, que en apariencia se concentra en un asunto único: la definición de las reglas y los métodos para la elección del candidato a la presidencia. Esto reduce todo a una pregunta: ¿el priismo será capaz de limitar el poder del presidente para nominar a quien contenderá en 2018?

En la atmósfera del partido no se ve ni se percibe una disposición clara y determinada –llamémosle decisión o audacia– para enfrentar al presidente Peña y despojarlo de la posibilidad de que nadie más sino él decida quién será el elegido.

El único momento en el que desde su más importante espacio de decisiones el priismo ha enfrentado abiertamente a un presidente es en 1996, en la XVII Asamblea.

Ese año dos gobernadores se lanzaron a desafiar el poder del presidente Zedillo: Manuel Bartlett y Roberto Madrazo. Los dos se pronunciaron y llamaron a la unidad para aprobar los requisitos de 10 años de militancia y un cargo de elección para ser candidato, una decisión que tenía como objetivo contener el ascenso de los tecnócratas.

Hace un par de días Jorge Alcocer recordaba que en aquella ocasión el secretario de Gobernación marcó la red presidencial para informar al primer priista que la XVII Asamblea Nacional se había salido de control, después de que los delegados aprobaron los candados.

En esta parte de la historia hay versiones encontradas. Algunos priistas de prosapia y participantes en esa Asamblea sostienen que Zedillo no tenía le película completa de lo que había sucedido cuando en el discurso de conclusión dijo: La única línea, es que no hay línea.

Si el doctor Z decidió amputarse el dedo –una leyenda de distancia que se desmorona cuando se revisa que en su sexenio fueron removidos y nombrados siete presidentes del partido y que utilizó la mayoría del PRI en el Congreso para aprobar el aumento a la tasa del IVA y la reforma a la Ley General de Deuda Pública para enfrentar la crisis de diciembre del 94–, casi dos décadas después el presidente Peña alcanzó la candidatura unificando al priismo, pero el desgaste de su gobierno y los escándalos de corrupción han erosionado ese respaldo de la militancia y de los grupos de poder prista.

¿Qué gobernadores del PRI se han alzado como Bartlett y Madrazo para pedir un alto al poder casi absoluto del presidente en la nominación del candidato? Ninguno.

Se trate de intereses económicos, políticos o de grupo, los hombres y las mujeres que pueden dar esta pelea no la están dando, o se están moviendo con instinto y cálculo político.

El priismo no la tiene fácil porque además de acometer el 2018 como el pato feo en las preferencias, enfrenta un dilema loquísimo: Meade –el hombre de Peña alrededor del cual gira la Asamblea– es un funcionario honesto y eficaz, algo escaso en estos días de políticos criminales.

 

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