Peña “el bailador” tiene los días contados

La vida de lujos está anulando toda posibilidad de que el actual Presidente se haga de la vista gorda y no procese a su antecesor, Enrique Peña Nieto

Verónica Malo Guzmán
Verónica Malo / El Heraldo de México /

El pasado 15 de junio, en una fiesta de primera comunión, EPN bailó (es un decir, pues la verdad es que el expresidente se mueve como tronco de ahuehuete) con su novia, la modelo Tania Ruiz, y con Jaqueline Tostado, Miss DF 2009 y expareja de Alfredo Castillo Cervantes (quien fue procurador de Justicia en el Edomex y, también, fallido director de la Comisión Nacional del Deporte). 

Los lectores podrán preguntarse: ¿por qué perder el tiempo y hacer tanto revuelo en medios a partir de esas demostraciones públicas de la vida privada del otrora mandatario? La respuesta es sencilla: al parecer, nada irrita tanto en el círculo más influyente de la 4T como las reiteradas muestras de frivolidad de Peña Nieto, ni siquiera —que fue bastante— la forma en que la extitular de la Semarnat detuvo hace unas semanas un vuelo comercial que la trasladaría a Mexicali, acción que le costó su puesto. 

A Peña se le ha visto en Madrid con la novia; luego anunció en Twitter —con pésimo gusto y con un alto ingrediente de machismo— su divorcio de Angélica Rivera; estuvo sentado con Julio Iglesias en la boda más que fifí de la hija del abogado de la familia Salinas, Juan Collado; y ahora se lució con la peor imitación de John Travolta en Fiebre de sábado por la noche. La vida social del exmandatario retumba en la opinión pública, pero siempre llega a oídos de López Obrador y este emite un juicio, así sea sólo para guardárselo en su interior. 

AMLO había resuelto no ir judicialmente tras Peña Nieto, pero dos hechos podrían hacerlo cambiar de opinión: el primero (ya por todos conocido) la información comprometedora que sobre el expresidente aporten Emilio Lozoya y su abogado Javier Coello Trejo; el segundo, la vida de gigoló multimillonario que se da EPN

Insulta a la nación, es lo que se dice en los pasillos de Palacio Nacional sobre los bailes y viajes del exmandatario. Su falta de prudencia, la necesidad que tiene de divertirse y exhibirse, la superficialidad con que se comporta, no son bien vistas por el círculo cercano de AMLO

Y, no, el Presidente no quiere perseguirlo, pero la excesiva ligereza con la que EPN se comporta podría estar haciéndole cambiar de opinión. La vida de lujos y farándula está anulando (eso no lo dice el equipo de Ejecutivo federal, sino yo) toda posibilidad de que AMLO se haga de la vista gorda y no procese a Peña Nieto. 

El novio de Tania olvidó una de las máximas más sabias de la política a la mexicana: hay tiempos de sumar, de sumarse y de sumirse

EPN debería estar bien sumido para no llamar la atención; en lugar de ello, luce su felicidad en público, grave error en un país que sigue más que molesto por los resultados de su gobierno. Ni duda cabe, EPN siempre ha tenido mucho carisma; debió haberlo explotado a su favor cuando ocupaba la silla presidencial y nadie se lo podía impedir. Prefirió acartonarse, volverse formal y hermético como se lo indicaron algunos consultores en imagen. Hoy que quiere ser su yo al natural, es demasiado tarde; por exhibicionista podría estar cavando su propia tumba.

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