Pemex y la reforma fiscal

La petrolera está al borde del abismo porque durante años, la exprimimos para no pagar impuestos

Jorge_Andrés_Castañeda
Jorge Andrés Castañeda / Analista / Heraldo de México

Una reforma fiscal es lo único que puede salvar a Pemex a largo plazo. Los mexicanos hemos vivido pagando muy pocos impuestos gracias a los ingresos de la bonanza petrolera que está llegando a su fin. Aunque la recaudación tributaria pasó de 9 a 13 por ciento del PIB entre 2001 y 2018 sigue siendo raquítica.

La poca recaudación se compensaba con los ingresos petroleros que todavía representan 19 por ciento de los ingresos presupuestarios. Pero Pemex, hoy está al borde del abismo porque durante años la exprimimos para no pagar impuestos.

Los recursos que debió haber utilizado para invertir en exploración y producción se fueron a gobiernos que se rehusaban a pagar el costo político de cobrar impuestos.

El plan de negocios de Pemex entiende este problema, pero no lo resuelve de raíz. Plantea una reducción de la carga fiscal e inyección de capital para aumentar la inversión, pero sólo por dos años. A partir de 2022, Pemex vuelve a ser la gallina de los huevos de oro. El plan ignora que los megayacimientos, como Cantarell o Ku-Maloob-Zaap, se acabaron y no van a regresar en dos años. Pemex puede estabilizar su producción con esta inversión, pero no va a volver a producir como antes. La abundancia petrolera que permitió financiar al Estado durante 40 años se acabó. La única manera de hacer viable a Pemex es cobrándole impuestos como a cualquier petrolera para que pueda invertir sus ganancias en proyectos rentables y de exploración.

El problema es que sin los ingresos petroleros al gobierno mexicano no le alcanza. Los gobiernos anteriores evitaron este problema irresponsablemente para no pagar el costo político, a nadie le gusta pagar más impuestos. La propuesta de Hugo Margáin fue bloqueada por la IP en 1972; Fox fracasó en abril del 2001; y las minirreformas de Calderón y Peña fueron insuficientes. Quizá el único éxito fue el IVA en 1980 impulsado por David Ibarra.

Sin reforma fiscal no hay transformación posible. Sin bonanza petrolera ni impuestos los programas sociales, el sistema de salud, la educación y las inversiones son inviables. Necesitamos una reforma progresiva, donde los que tienen más paguen más, y que permita recaudar y redistribuir. Es fundamental una reforma fiscal que en serio ponga primero a los pobres y que nos permita dejar de depender del petróleo.

El Presidente tiene el mandato y capital político para hacerla, pero la ventana de oportunidad se le está cerrando rápidamente.

Se ve muy complicado que el Presidente decida impulsar una reforma con altos costos políticos en el tercer año con las elecciones intermedias encima y con una economía estancada.

En la entrevista con Hernán Gómez, Carlos Urzúa revela que uno de sus principales puntos de desacuerdo con el Presidente fue la necesidad de esta reforma fiscal que permita reducir la desigualdad y hacerse de más fuentes de recursos. Ojalá la renuncia y las declaraciones de Urzúa por lo menos logren transmitirle al Presidente la urgencia de esta reforma.

Por Jorge Andrés Castañeda

¿Te gustó este contenido?