Pasta de Conchos, con un nudo en la garganta

Después del accidente, en 2006, se hizo todo lo posible para abrir la mina

Jesús Martín Mendoza  / Ojos que sí ven  / Heraldo de México
Jesús Martín Mendoza / Ojos que sí ven / Heraldo de México

Completamente conmovido, Ernesto me expresaba su sentir, luego del anuncio hecho por Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, de iniciar las acciones necesarias para el rescate de 65 cuerpos en el interior de la mina Pasta de Conchos en la región carbonífera de México.

Incrédulo y por momentos indignado, Ernesto, hijo de una familia minera, cuyo padre conoció el peligro de esa mina, recordó con dolor las trágicas historias de trabajadores que perdían la vida en diversos accidentes asociados a la extracción de carbón.

Con contundencia, Ernesto me aseguró que el anuncio es una clara muestra del desconocimiento del presidente de la situación.

Para empezar, me dijo: no son 65 los cuerpos atrapados en la mina, son 63. Los otros dos cuerpos fueron rescatados antes de que se colapsara la mina. Conocedor de la zona y del trabajo que representa la extracción del carbón, Ernesto me confirmó que el mineral que se extraía es uno de los más preciados.

Su finura y alta calidad se confirman con la presencia de grandes cantidades de gases grisú y metano, que hacen imposible la permanencia en la mina sin elementos de supervivencia.

Recordó que después del accidente aquel 19 de febrero de 2006 se hicieron todos los esfuerzos humanamente posibles para abrir la mina y alcanzar a los trabajadores; sin embargo, desde un principio se supo que el colapso con la consecuente explosión las posibilidades de sobrevivencia al percance eran nulas. Sin aire, sin agua, con gases explosivos y tóxicos, más el derrumbe, los cuerpos quedaron sepultados.

¿Qué podemos encontrar después de 13 años Jesús Martín?, nada absolutamente, me afirmó Ernesto. Notoriamente conmovido por el recuerdo, me aseguró que el carbón que se extraía de esa mina iba acompañado de lo más preciado de las familias mineras; sus lágrimas.

Lágrimas surgidas por las intensas jornadas de trabajo en condiciones infrahumanas, a sabiendas de dar la vida para llevar algo de comer a la familia.

Hoy quienes perdieron a uno de sus integrantes en Pasta de Conchos dudan que la promesa se cumpla.

Algunos tienen esperanza, pero no olvidan, como con sus propias manos ingresaron a la mina para rescatar a sus familiares de manera infructuosa. Ernesto llora a sus amigos; sabe que no serán rescatados. Sólo pide que la tragedia no sea utilizada como una palanca política.

Corazón que sí siente: El Presidente tendrá seguridad. Así lo estableció el Senado al reformar la Ley Orgánica del Ejército y la Fuerza Aérea. ¿Un nuevo Estado Mayor Presidencial? ¿No que no?

@JESUSMARTINMX

¿Te gustó este contenido?