¿Partido en dos?

O se está en un bando, o se pertenece al otro. O se aplaude todo, o se quiere destruir a la 4T

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Manuel López San Martín / Opinión El Heraldo / Columna Definiciones

Así el país, así la vida pública. No hay punto medio. Los espacios de coincidencia se agotan, también los de diálogo y los puentes para conversar escasean. O se critica todo, o se le sigue el juego al Presidente. O se considera una fiesta el primer año del sexenio porque esto ya cambió, o se marcha para protestar por el desastre. Las descalificaciones, insultos y lodo, vuela de un lado a otro. El ruido impide trascender las etiquetas simplonas y reduccionistas.

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Un año ha cumplido AMLO en la Presidencia. En su gobierno hay buenas, malas y regulares. Objetivos alcanzados y pendientes. Soy enemigo de los juicios absolutos. Los blancos y negros rara vez acercan a la realidad que está llena de matices. Entiendo que desde el gobierno se presuma el éxito de haber logrado 89 de 100 compromisos asumidos hace un año. Entiendo, también, que para sus opositores —con intereses varios detrás— todo esté mal. Es política. Lo que no comprendo es por qué los ciudadanos tendríamos que comprar un discurso a ciegas a uno u otros.

Ni todo lo hecho está bien hecho, ni todo es un desastre. La austeridad avanza, el combate a la corrupción es eje como no lo fue antes y los programas sociales son columna vertebral de la 4T. Pero ahí siguen la violencia e inseguridad que no sólo no se van, crecen; los preocupantes indicadores económicos, aunque se asegure que hay otros datos y, desde luego, las resistencias del statu quo. Terminar con ellas no es sencillo ni rápido.

Una nueva forma de hacer política no termina de nacer, y una vieja forma —vapuleada en las urnas en 2018— no acaba de morir, porque ha encontrado salvavidas en algunos herederos del viejo régimen que permanecen infiltrados en este que pretende ser distinto pero que, más allá del fondo, hasta ahora, a un año, encuentra su mayor diferenciador en la forma. El primer año ha sentado las bases de la transformación, dijo ayer en el Zócalo el Presidente. Lo ha hecho en la narrativa y en los símbolos, y es un éxito conduciéndonos en esa ruta. Pero ha fallado en generar cohesión y unidad. La polarización no solo no se ha ido, se profundizó.

Gobierno y oposición —partidos, algunas organizaciones, medios, académicos, etc.— han pisado a fondo el acelerador de sus diferencias. La brecha no deja de crecer.

Los opositores, dice AMLO, están moralmente derrotados. Puede ser. Pero el país no se trata de vencedores ni vencidos. El Presidente más votado de la historia tendría, por la enorme legitimidad y popularidad que carga consigo (68% de aprobación, Reforma), que ser factor de reconciliación, no de división. ¿Podrá serlo? ¿Querrá? A final de cuentas, tiene –tenemos, todos— cinco años por delante.

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-OFF THE RECORD: Las presiones escalaron el fin de semana. Hasta gobernadores del PAN y PRI entraron al cabildeo con los senadores de sus estados para pedirles apoyar la llegada a la SCJN de Margarita Ríos-Farjat. El respaldo espontáneo por Ana Laura Magaloni va quedando eclipsado ante la línea cada vez más marcada.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN 

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@MLOPEZSANMARTIN

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