¿Para qué sirve el G20?

Es un foro en el cual se tocan temas concernientes a las finanzas internacionales

Adolfo Laborde / La Nao de China / Heraldo de México
Adolfo Laborde / La Nao de China / Heraldo de México

Mañana y el sábado se llevarán a cabo en Osaka y en otras ciudades de Japón distintas reuniones de los ministros de finanzas, gobernadores de los bancos centrales y cancilleres concernientes a los temas de economía y el comercio internacional de los países que conforman al (G20), mismo que surgió como un mecanismo de consulta internacional de las 20 economías más importantes del mundo luego de la crisis financiera global que azotó al mundo en el año de 2008.

¿Para qué sirve el G20? Si bien es cierto, es un foro en el cual se tocan temas concernientes a las finanzas internacionales, es un magnífico escaparate para que los países participantes puedan posicionar sus temas en la agenda económica global.

Paralelamente a ello, se establecen mecanismos de consulta y colaboración en temas monetarios a través de los bancos centrales y por su puesto, mediante los mandatarios, cabeza de la delegación, se establecen, defienden y cumplen los intereses nacionales en esta materia.

¿Es importante que los líderes de los países que lo integran acudan? Si, porque esto le da un mayor peso y seriedad a la delegación. Además, de acuerdo con la información proporcionada por un miembro del Servicio Exterior Mexicano (SEM) de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), y tal como lo establece el protocolo, el representante de más alto rango de la delegación podrá entrar a la reunión plenaria, pero no al retiro, es decir, las reuniones privadas (sin acceso a la prensa) donde se tocan los asuntos más sensibles e importantes de la agenda de los jefes de Estado reunidos.

¿Qué pierde México si no va nuestro presidente? Mucho; además de ser una descortesía con un país amigo como lo es Japón y con quien tenemos un Acuerdo de Complementación Económica desde el año de 2005 y quien podría ser un excelente socio en el proceso de implementación de la Cooperación Internacional para el desarrollo en el programa para Centroamérica recién anunciado por nuestro gobierno, dejamos pasar oportunidades de oro que podrían alinearse a las estrategias de desarrollo que nuestro país se propone echar andar en este sexenio.

Hablo del proyecto del Tren Maya y la refinería Dos Bocas; Japón y China tienen una importante experiencia en este tipo de infraestructura y también podría dotar de financiamiento a través de su banda de desarrollo etiquetada en sus fondos de la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) y Ayuda Internacional (AI) respectivamente; o el turismo, donde en las reuniones de alto nivel en la materia se podría impulsar la atracción del mercado chino cada vez más creciente.

De la misma manera, en el contexto del G20 en Osaka, se pudo haber tenido una reunión de alto nivel con la delegación China lo que hubiera mandado una clara señal de que México no está solo en el terreno internacional (contra-peso).

Una declaración conjunta entre Xi Jinping y Andrés Manuel López Obrador enfatizando la profundización de las relaciones económicas y políticas quizá hubiera sido la antesala de una reunión entre Obrador y Donald Trump. Aquí nos falló la estrategia de comunicación política.

No sólo se desperdició esto, sino que en el resto de la agenda a abordar, también se puede perder la oportunidad de hacer alianzas con otros países miembros del G20 en materia de desarrollo, economía global, comercio e inversión, innovación, energía y medio ambiente, empleo, empoderamiento de la mujer y salud, temas en los que precisamente debemos de avanzar e implementar en el contexto de la 4T.

Desafortunadamente, las videoconferencias transmitidas vía internet nunca suplirán este tipo de reuniones.

Le deseamos suerte a nuestra delegación y ojalá que logren conseguir ayuda y respaldo de países tan importantes como los miembros de la Unión Europea, China y Japón en tiempos de turbulencia e incertidumbre en el contexto de la crisis migratoria por la que atraviesa el país.

Por ADOLFO LABORDE

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