Panorama político de la 4T

La curva de aprendizaje del nuevo gobierno puede resultar prolongada y peligrosa para la nación si la ciudadanía no asume un papel más protagónico y decidido frente al ejercicio del poder.

José Encarnación Alfaro Cázares / Articulista invitado / El Heraldo de México
José Encarnación Alfaro Cázares / Articulista invitado / El Heraldo de México

La víspera anuncia el día, reza un refrán conocido, para decirnos que todo inicio nos advierte de lo que habrá de ocurrir después. Así sucede con el estilo personal de gobernar del presidente Andrés Manuel López Obrador, que ha llamado cuarta transformación. Los primeros 60 días de gobierno establecen lo que será, sin duda, el resto de su mandato: con una visión anclada en el nacionalismo revolucionario del pasado y sin un proyecto claro del rumbo por el que debe llevar a la República, mantendrá su actitud autócrata y neopopulista hasta el final de su mandato.

En este contexto resulta fácil advertir que el panorama político de la 4T se habrá de polarizar, con todos los riesgos que esto implica para la estabilidad económica y social del país. Las fuerzas políticas neoliberales de derecha, encabezadas por el Partido Acción Nacional, habrán de abanderar la defensa de los intereses de la oligarquía y del clero conservador; en tanto que Morena asumirá cada vez más una posición de defensa radical de su proyecto nacional populista, tope donde tope, y de menosprecio al marco institucional vigente en el país.

Seguramente el perfil carismático y las actitudes mesiánicas del presidente López Obrador, su decidida y loable cruzada contra la corrupción y su mediática defensa de las causas de los sectores más empobrecidos de la población, habrán de mantener su elevado apoyo popular; hasta que empiece a naufragar en el mar de la incompetencia, inexperiencia y falta de resultados de su equipo de colaboradores. Sin olvidar que el fenómeno de la corrupción puede impactar a su grupo cercano; porque la corrupción no tiene fronteras ideológicas.

La curva de aprendizaje del nuevo gobierno puede resultar prolongada y peligrosa para la nación si la ciudadanía no asume un papel más protagónico y decidido frente al ejercicio del poder. Hoy es el tiempo de las y los ciudadanos; es el tiempo para insistir y profundizar en el ejercicio de la democracia participativa que impulse a la República a un efectivo cambio de régimen.

Así lo deben entender también los partidos políticos que, frente al inesperado resultado electoral de 2018 que restauró con Morena el viejo modelo de partido hegemónico, aún no consiguen establecer su realineación ideológica; tal es el caso del PRD y del PRI, institutos políticos que se enfrentan a la disyuntiva de refundarse o diluirse.

El reto, frente al panorama político de la 4T, es la construcción de una efectiva opción política de centro izquierda moderna, que enfrente la radicalización de la derecha y modere la radicalización neopopulista de Morena.

Una opción centro progresista que promueva la construcción de una ciudadanía integral: política, civil, económica y social, que articule la lucha efectiva contra la corrupción en todas sus manifestaciones, que trabaje por la progresividad de los derechos de la persona con el combate comprometido por la igualdad social.

 

@joseealfaro

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