PAN: Margarita, la impotencia; Anaya, el poder

Anaya es dueño de todo en el PAN: del CEN, Consejo Nacional de los recursos, materiales, humanos y mediáticos


Con su ultimátum al Partido Acción Nacional (PAN) de marginarse en 2018 si no es la candidata presidencial y su berrinche público en Saltillo, en plena protesta contra el fraude en Coahuila, Margarita Zavala exhibió falta de temple personal y oportunismo político mal vistos aun en su propio partido.

Con un discurso incendiario que culpa al presidente del PAN, Ricardo Anaya, de hundir a Josefina Vázquez Mota en el Estado de México y de practicar una política corrupta, de amenazas, moches y de acuerdos que nadie explica con Enrique Peña Nieto, Zavala se juega su resto en la misma línea de chantaje de Felipe Calderón, su marido.

Por eso inició, el jueves 8, una gira nacional para, por una parte, consolidar sus preferencias entre panistas y población abierta –que dice puntear– y, por la otra, exigir a Anaya definir, cuanto antes, el método de selección de la candidatura.

El método que plantea la pareja Margarita-Calderón es el de Chihuahua y el Estado de México: Ante la falta de un padrón electoral confiable se convocó a los aspirantes a someterse a mediciones por encuestas, con firmas aprobadas por consenso, para que el ganador sea apoyado por los otros y la designación sea formalizada por la Comisión Permanente.

Para la presidencial sería lo análogo: No existe un padrón confiable que permita que los 483 mil 579 militantes participen en una elección abierta, como lo ordenan los Estatutos. Pero Anaya es taimado: Aunque tuvo que frenar el arrogante lanzamiento de su candidatura, la tarde del 4 de junio, por la doble derrota en el Estado de México y Coahuila, que no compensan los triunfos compartidos con el PRD en Nayarit y Veracruz, son suyos los tiempos y la definición del método.

Anaya es dueño de todo en el PAN: Del CEN, del Consejo Nacional y la Comisión Permanente –los órganos de dirección–, pero también de los recursos económicos, materiales, humanos y mediáticos, los nacionales y los estatales.

De él dependen los coordinadores en el Congreso y, como interlocutor con el gobierno de Peña, es el gestor de recursos para los 12 gobearnadores –Nayarit ya incluido–, siete de los cuales los ganó el año pasado, y los alcaldes.

A Anaya no le urge la elección del candidato –tiene a su favor lo que la ley dispone– ni el método, porque prevé que se tome en cuenta no sólo la popularidad, sino los atributos profesionales que a Margarita le faltan. Ella tampoco tiene lo que él posee: Más de 3 mil 600 candidaturas para repartir.

En el PAN la disputa es de dos, pese a que un tercero, el expriista Rafael Moreno Valle, ha intensificado su multimillonaria campaña en televisión, radio, prensa y espectaculares en todo el país con el pretexto de un libro que exhibe su megalomanía.

Hay quienes sueñan con un pacto: Anaya cede a Zavala la candidatura y él, legislador con todo el poder en el sexenio, llega a Presidente a los 45 años. Otros, los realistas, no dudan: Ahora o jamás.

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