Pagan y hacen fila para ver llover

A dónde hemos llegado, que para disfrutar un aguacero, pagamos 30 libras (más de 700 pesos). O hacemos largas filas de espera para estar en medio de una tormenta que no nos mojará

Lilia Soren / La fuente / El Heraldo de México
Lilia Soren / La fuente / El Heraldo de México

No sé si el colectivo de ingleses: Random International, autores de la instalación Rain Room, se aprovechan de la superficialidad del ser humano, con una rentable exposición; o, más bien, nos muestran un estudio antropológico de nuestra necesidad de sentido de vida e incongruencias, con experiencias frívolas controladas.


La exhibición está recorriendo el mundo desde 2012 con éxito, superando en cada parada (Shanghái, Emiratos Árabes, Nueva York, Los Ángeles y Londres) el millón de entradas.


Se trata de la instalación de una habitación a gran escala negra, iluminada sólo con un foco, donde cae una tormenta. Con sensores en el techo, rastrean tus movimientos y cuando entras, se activa un mecanismo que evita que la lluvia caiga sobre ti, sólo te mojas si corres.

El espectáculo es placentero. Al caer la lluvia del cielo oscuro, nos entrega una belleza de contraluz, sin la incomodidad de empaparse. Es ahí donde cuestionó. Siglos enteros tratando de que el arte nos dé sentido de libertad, y luego llegan estos ingleses con la premisa: Queremos entregar una sensación de control sobre la naturalezairónico.

Hace algunos días, uno de los chinos adinerados más jóvenes del mundo, Louis Li, adquirió la obra para uno de sus hoteles en Melbourne, Australia. El argumento detrás la compra me deja perpleja: El mayor lujo que le podemos dar a la gente en un contexto urbano es la naturaleza, sin duda, ahí está la respuesta a la obra de arte.

ÉXITO. La exhibición ha recorrido el mundo desde 2012. Foto: Especial.

POR LILIA SOREN
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