Otras recetas contra la violencia

Nada justifica una privación de la libertad, un asalto, una violación o infringir la muerte a un ser humano

Columna Invitada / Facundo Rosas / El Heraldo de México
Columna Invitada / Facundo Rosas / El Heraldo de México
Nunca antes la violencia habría escalado niveles tan elevados y acciones tan retadoras al orden público como en los últimos años. En cierto sentido vivimos una especie de guerra civil, donde se aprecia con claridad un bando -al margen de la ley que la impugna con sus accesiones- y otro, el Estado, que representa legítimamente a la sociedad. La capacidad de fuego y violencia del bando agresor es de tal proporción que, sin amenazar al Estado, lo mina y lo corroe en sus estructuras y debilita su existencia.
Pareciera que los violentos no tienen un plan social o institucional, salvo alcanzar sus mezquinos fines de poder y dinero para operar al margen de la ley. Se les llama eufemísticamente como delincuencia organizada definiendo por analogía al bando institucional como el gobierno desorganizado para enfrentarlos.  La última experiencia de una guerra civil en nuestro país se vivió en los días del conflicto religioso conocido como la guerra de los cristeros. Entonces el bando opositor al Estado estaba organizado, tenia organización, base social e ideología: perseguían un fin y en eso diferían y por eso se enfrentaban al poder del Estado. Hoy no es así, no hay ideas ni confrontación política. Solo es una espiral de violencia que cada día nos asombra más y a la vez, nos insensibiliza. Es como un pulpo sin cabeza pero con múltiples tentáculos que se apropia de todas las formas de violencia y que solo se explica o pretende justificarse, en la búsqueda de dinero mal habido producto del tráfico de drogas y la práctica de agresiones a la sociedad para lograrlo. Nada ni nadie lo justifica. Todos lo reprobamos, pero terminamos reconociendo su existencia. Allí está, queramos o no, impidiendo la convivencia pacífica y amenazando a familias y a la sociedad.
Nada justifica una privación de la libertad, un asalto, una violacion o infringir la muerte a un ser humano. Vivimos una guerra no declarada pero real, sin Fronteras de la violencia ni identificación de los agresores: pero allí están y es todo.
Hace unos años se habló de convocar a cascos azules, para que fuesen grupos de militares profesionales de alto nivel los que contengan la agresividad de los grupos armados en las regiones que operan. Una fuerza externa que viniese al país a pacificar, con acciones de fuerza pero sobre todo, de inteligencia.
Igualmente se han escuchado múltiples pronunciamientos sobre la conveniencia de que el Congreso establezca una amnistía en el tema de delitos contra la salud, persiguiendo el Estado, con todo rigor los del fuero común, que son, al final del día los que realmente afectan a la sociedad mexicana.
Y qué decir de la posible mediación de un alto personaje de la vida pública? Se habló de pedir al Papa su intervención? O quizá de un alto personaje como el Secretario General de la ONU. Quizá invitar a un personaje del mundo de las artes y las letras. El punto es que se destrabe la espiral de violencia y se encauce el de la pacificación. Hay procesos de pacificación exitosos como el fin de la ETa en España, el IRa en Gran Bretaña o las FARC en Colombia…. porque no plantearlo para nuestro país. Hemos escuchado de testimonios de religiosos y de periodistas que han dialogado con algunas de las cabezas de esta abominable meduza.
Un cuarto punto necesario para una acción amplia de pacificación, consiste en normalizar el consumo de algunas drogas -en principio las más consumidas y de menor incidencia adictiva-. Hay avances hacia este asunto. El morbo de lo prohibido debe ser eliminado. Hay que establecer un mercado de estos productos sancionados por salud y supervisado por el SAT. De esta manera se encauzará el monetario y será controlado el tráfico de influencia y de armas.
Y hablando de armas. Así como alguien quiere un muro contra la migración hacia el norte, bueno lo sería contra el ingreso hacia el sur de armas y municiones. Un embargo norteamericano al tráfico de armas a nuestro país debe formar parte de la estrategia global. Cuando hemos estado en conflicto interno, los gringos han inclinado la balanza con embargos de este tipo. Bueno sería que ahora lo hagan en beneficio de los pacifistas quienes somos más.
Tiene razón el Presidente: la violencia es multifactorial … por eso, hay que empezar ya a enfrentarla desde distintos frentes. Si las acciones previas no han funcionado, hay que cambiar la receta, diría Einstein.

DR. ANTONIO MEZA ESTRADA

PROFESOR DEL INSTITUTO ORTEGA VASCONCELOS

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