Otra vez Marcelo

Es canciller, pero también ocupa de manera parcial Gobernación y Seguridad

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Manuel López San Martín / Opinión El Heraldo / Columna Definiciones

De nuevo Marcelo. Siempre Marcelo. El hombre de confianza del Presidente en los momentos de crisis. Es secretario de Relaciones Exteriores, pero también ocupa de manera parcial Gobernación y Seguridad. Más lo que se acumule.

Marcelo Ebrard aparece con extintor en mano, cuando el fuego parece salirse de control. Lo hizo frente a la amenaza arancelaria de Donald Trump, que logró contener. Desde entonces, el presidente López Obrador le dio amplias atribuciones para acordar en Washington asuntos diplomáticos, sí, pero también de seguridad interior. En aquel momento, el secretario creció su influencia y colocó bajo su cobijo al Instituto Nacional de Migración, que en teoría reporta en Gobernación, y a parte de la Guardia Nacional, desplegada en las fronteras para contener el flujo migratorio, que estaría bajo mando del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana y la Secretaría de la Defensa.

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Tras la masacre a la familia LeBarón, en el que nueve de sus integrantes, entre ellos seis menores de edad, murieron, no fue sino el canciller Ebrard quien se trasladó al lugar de la tragedia. Sí, los LeBarón tienen la nacionalidad mexicana-estadunidense, y el puente diplomático caía en sus atribuciones, pero Ebrard fue más allá. Caminó el terreno de la desgracia. Se reunió con las autoridades estatales y con los mandos militares y de seguridad federal. Eso, que no estaba en sus atribuciones, es terreno que ya abarca también.

De nuevo se comió –por encargo presidencial– a Gobernación y Seguridad. Nadie podría poner en duda la confianza que López Obrador le tiene a su canciller; nadie tampoco podría escatimarle capacidad a Ebrard, quien soluciona y resuelve, algo que no caracteriza a otros miembros del gabinete que suelen generar más problemas que los que desenredan.

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Al arranque del sexenio, Ebrard optó por el bajo perfil. Navegó sin hacer ruido. Sus apariciones fueron contadas. Cuando se pedía una charla con el canciller, la respuesta era se está administrando, comentaban sus cercanos. Todo cambió con la amenaza de Trump. El canciller debió saltar al primer plano sin así haberlo calculado. Hoy es uno de los integrantes del gabinete que más ha participado en las mañaneras, que más veces ha recibido el espaldarazo presidencial y que juega en mayor número de pistas. Del amago de Trump salió no sólo airoso, sino fortalecido. Cumplió lo firmado y entregó buenas cuentas acá y en EU. Y hasta logró colocar temas en la agenda bilateral –marcadamente el del tráfico de armas-. Ahora, la crisis de seguridad lo ha llevado al territorio en un caso emblemático y toral para el gobierno de la 4T.

No es que el canciller decidiera brincarse a sus compañeros de gabinete, sino que las circunstancias así lo acomodaron. Y, claro, él lo aprovechó. Abarca cuanto puede y si puede más, más. La política es la búsqueda del poder y Ebrard es un político profesional. Es ya, el número dos del gobierno federal.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN 

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@MLOPEZSANMARTIN

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