Otra vez, dilemas de la intervención internacional (I)

Conflictos como el de Venezuela, que afectan a la región y a países aledaños al país, ¿justifican la intervención de los vecinos?

Otra vez, dilemas de la intervención internacional (I)

¿En qué medida y hasta qué grado los organismos internacionales pueden o deben involucrarse en los asuntos internos de sus estados miembros?

La pregunta no tiene respuestas simples y es una que se plantea cada vez más en la comunidad internacional, al menos en el Hemisferio Occidental, donde a izquierda y derecha hay cuestionamientos a esas intervenciones, por motivos no del todo diferentes.

De hecho, el tema de la recién terminada Cumbre de las Américas fue precisamente Gobernabilidad frente a la Corrupción, con un consenso en que es un tema que afecta a todos los países en todos los órdenes, pero en sus peores formas socava economías, sistemas políticos y la mera sociedad en donde se desarrolla.

En teoría por lo menos la respuesta es obvia. Hay toda una serie de países donde hay serios problemas de gobernabilidad, de corrupción y delincuencia organizada a sistemas políticos que buscan perpetuarse por todos los medios a su disposición.

Pero la respuesta esta calificada de antemano por la posición política de las partes.

Para los grupos liberales y conservadores, por ejemplo, el gobierno de Venezuela sería un ejemplo clásico que combina corruptela y represión, que combina un cuestionable manejo de la economía con la tolerancia a grupos delictivos y según las acusaciones hasta alberga narcotraficantes.

Para la izquierda el tema es distinto. Venezuela, desinvitada a la VIII Cumbre de las Américas por el intento del presidente Nicolas Maduro de hacer lo que se describe como una elección a modo y asegurarse en el poder, es algo que debe ser defendido.

Alertamos que hoy pretenden utilizar una falsa lucha contra la corrupción para derrocar gobiernos democráticos legítimos y proyectos de cambio, dijo el mandatario boliviano Evo Morales durante la plenaria de la cumbre en Lima.

Se utiliza la lucha contra la corrupción como un arma  política; los fiscales y jueces actúan como partidos políticos y se impide a los electores votar por candidatos con fuerte apoyo popular, como es el caso del presidente, preso político, Luiz Inácio Lula da Silva cuya libertad demandamos, dijo por su parte el canciller cubano Bruno Rodríguez.

Pero si Maduro y su gobierno no fueran parte de una coalición de presunta izquierda en el continente, su posición tal vez fuera otra. Como ocurriría también del lado opuesto.

Lo cierto en todo caso es que Venezuela está en medio de una profunda crisis, con más de dos millones de venezolanos autoexiliados en los últimos años y, de acuerdo con algunos cálculos, la salida de otros cinco mil cada día.

No importa de hecho si es de izquierda o derecha. El problema afecta ya a los países vecinos.

¿Pueden o deben mantenerse indiferentes las naciones que reciben cientos de miles de refugiados? ¿O las instituciones internacionales deben mantenerse al margen y tratar de responder simplemente con medidas de alivio?

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