Obligación

México debe ganar la Copa Oro sin mayor problema, pero la exigencia deportiva es mínima, y Gerardo Martino está consciente

Obligación

Hace exactamente un año y dos días, el equipo mexicano conquistó su victoria más sonada de la historia. Derrotó 1-0 a la vigente campeona Alemania en el Mundial de Rusia. Todo parecía indicar que se avecinaba el añorado punto de inflexión que significaría el largamente acariciado cambio en el balompié nacional. Se masticaba la nueva era. Aires de renovación soplaban por Luzhnikí. Pero como en toda buena película de terror, con sus respectivas sagas y épocas, el descenso de la acción llegó muy temprano y ocurrió lo de siempre. De prácticamente alcanzar la perfección contra los teutones, los de Osorio bajaron drásticamente su nivel ante la rocosa Corea del Sur, para finalmente derrumbarse contra Suecia y Brasil. Lo normal, pues.

Después de casi un año en el que no pasó absolutamente nada (salvo algunos cambios de mediana importancia en los mandos de la federación), se tomó la decisión de contratar a un técnico con poco conocimiento del futbol mexicano, pero con un currículum de mucho respeto. Gerardo Tata Martino es un hombre serio y comprometido. No inventa, como el colombiano que lo precedió. Tampoco utiliza un lenguaje extravagante para querer ir por encima de la prole. Muchos (como el propio Osorio) han hablado bonito y se han regresado por donde vinieron. Entonces, cambió el andamiaje.

El otrora entrenador de Argentina y el Barcelona aceptó tomar el timón de ese barco tan sui géneris llamado Selección Mexicana. Y sin hablar de más, ha hecho bastante. De entrada, ganar sus primeros amistosos contra combinados de buen nivel sudamericano. El argentino no pierde el centro ni la ecuanimidad. Es sobrio al declarar y sabe perfecto que haberle ganado a Cuba es nada y que, por lo mismo, la actuación del cuadro mexicano no soporta un análisis serio. Pero sí se dio tiempo para sugerir de manera candorosa a Uriel Antuna (nadie puede envanecerse tras marcarle tres goles a un equipo amateur) que se alejara de las redes sociales y redujera su consumo de medios de comunicación para no marearse.

Comenzó la nueva era de la Selección Nacional en torneos oficiales. La exigencia es mínima en lo deportivo en la Copa Oro, pero la obligación manda que México regrese de su periplo concacafkiano con el trofeo en las manos. El torneo que enfrenta a los equipos de Concacaf es probablemente el de más bajo nivel en todo el planeta del futbol. No se puede tomar en serio un certamen (con todo respeto) en el que participan Curazao, Martinica y demás conjuntos de aficionados. Pero como diría la gran Cristina Pacheco: Aquí nos tocó vivir… y jugar.

Hoy por la noche el Tri enfrenta a Canadá, en lo que presumiblemente será un partido asequible. El sábado, los pupilos de Martino le recetaron siete a la modesta oncena cubana. La ronda de grupos es risible y lo bueno vendrá hasta semifinales, donde México podría enfrentar a Costa Rica.

Aunque es un torneo francamente intrascendente, el Tricolor tiene la obligación absoluta de regresar con el trofeo a casa. Seguramente así será.

Por JORGE MURRIETA

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