¿Nuevo Embajador? Tal vez

Landau, un abogado conservador, puede ser o no ideal para el puesto. No tiene entrenamiento diplomático...

José Carreño
José Carreño Figueras / Desde afuera / El Heraldo de México

Más allá de simpatías o antipatías, la nominación de Christopher Landau como embajador de Estados Unidos en México está sujeta a muchos vaivenes políticos en Washington.

Landau, un abogado conservador, puede ser o no ideal para el puesto. No tiene entrenamiento diplomático, pero no es necesariamente un problema, como demostró más recientemente Antonio Garza, que representó al gobierno de George W. Bush y lo hizo francamente bien.

De hecho, lo único que necesita es tener acceso a la Casa Blanca o influencia en la burocracia de Washington.

Garza tenía derecho de picaporte en la mansión presidencial estadounidense, dada su amistad con la primera dama, Laura Bush, y la comunidad de visiones e intereses: Garza es texano y los Bush lo eran por opción y nacimiento.

Landau tiene una formación que incluye estudios latinoamericanos; creció entre visitas a Chile, Paraguay y Venezuela, donde su padre fue embajador. No es un extraño a la región y se asegura que habla un español fluido.

Es declaradamente conservador, cercano a luminarias de la derecha jurídica de EU como Kenneth Starr, o los jueces de la Suprema Corte Clarence Thomas y Brett Kavanaugh, que llegaron ahí con casi 28 años de diferencia, pero similares alegatos de hostigamiento sexual.

Sólo eso lo pone en una situación complicada con los demócratas. La política del presidente Donald Trump lo coloca en un punto aún más complicado: cuales sean sus instrucciones respecto al tema comercial, la construcción del muro fronterizo, la situación de los solicitantes centroamericanos de asilo en EU que ahora quedan atorados en México, la deportación de indocumentados de ese origen hacia México, la situación misma de los indocumentados mexicanos, la cuestión de los soñadores…

Ciertamente todo eso complica la vida para un personaje que debe ser aprobado por el Senado, donde la mayoría republicana implicaría una fácil travesía.

Pero el tema es mucho más enrevesado. De entrada, el nombramiento puede ser fácilmente detenido por la oposición de un sólo senador, mediante el llamado hold, una medida de privilegio senatorial que permite que un legislador ponga una propuesta en suspenso por tiempo que puede ser indefinido. La medida puede tener cualquier motivo, como exigir un intercambio de favores o reflejar el disgusto de un senador: Marco Rubio, republicano por Florida, secuestró por casi un año la nominación como embajadora en México de la muy apreciada y preparada Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, porque participó en la reanudación de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba.

En otras palabras, hay un centenar de personas con capacidad para poner a Landau en el limbo, y al menos 47 –la minoría demócrata– por simple ideología, cuestiones político-electorales como el muro, o migración, o alguno más por el capricho de estorbar al gobierno Trump.

Así que bienvenido embajador Landau cuando llegue. Si llega.

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@CARRENOJOSE1

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