Normalidad “democrática”

Quienes rehúyen al conflicto hoy tienden a minimizar los problemas que sigue habiendo en los procesos


Cierto. Las elecciones ya no son como eran antes.

Ya no rafaguean a los votantes en la fila, como le ocurrió a los simpatizantes de Almazán en 1940. Ya no encarcelan al candidato presidencial opositor, como sucedió a Don Luis H. Álvarez en 1958. Ya no hay un Colegio Electoral compuesto por los diputados electos que autocalificaban su elección, ni una autoridad electoral dependiente del gobierno federal. Ya hay credenciales para votar con fotografía y su correspondiente padrón, un INE y un Tribunal, en teoría autónomos, una Fepade y su amplio listado de delitos electorales, boletas foliadas, tinta indeleble, urnas transparentes…

Por: Carlos Gelista

Pero de ahí a que las elecciones en nuestro país sean realmente democráticas, hay todavía un gran trecho y en múltiples ocasiones sigue sin ser respetada la voluntad popular o ésta es manipulada por medios ilegales. No obstante, quienes rehúyen al conflicto o prefieren mantener el status quo, hoy tienden a minimizar los graves problemas que sigue habiendo en los procesos electivos de las autoridades, como acaba de ocurrir en las elecciones en 4 estados.

Una elección no es democrática sólo si se cuentan bien los votos que aparezcan en las urnas. De entrada, las autoridades electorales deben ser imparciales y oportunas en su actuación; además, los recursos utilizados por partidos y candidatos deben sujetarse a los topes establecidos y provenir de las fuentes autorizadas.

El voto debe ser libre. Para ello, no debe haber ningún tipo de coacción, chantaje, amenaza o dádiva y las autoridades deben abstenerse de utilizar recursos públicos para intervenir.

Nada de ello ocurre y la sociedad no debe ser indolente ante este tipo de situaciones, pues ello implicaría un peligroso estancamiento. Tan malo es el abuso de la denuncia como simple estrategia electoral, como también lo es la cerrazón ante todo tipo de reclamos.

Que en una elección no haya muertos, urnas incendiadas o robadas no quiere decir que la elección haya sido limpia. El sistema se sigue cayendo, como ocurrió con el PREP de Coahuila faltando aun el 30% de las casillas por computarse, o en el Estado de México donde las sumas en la columna del PRI no coinciden con el resultado
publicado en el mencionado programa.

Los ciudadanos, partidos y candidatos no sólo tienen en el derecho, sino la obligación de velar porque se cumplan las normas electorales. Todo ello debe ocurrir dentro de los cauces institucionales, pero con cero tolerancia a la ilegalidad y abandonando ese conformismo gradualista que nos hace pensar que es normal que haya irregularidades, siempre que no sean escandalosas, esa normalidad democrática que aún dista mucho de serlo.

*Carlos Gelista es Diputado Constituyente
@cgelista

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