No más de lo mismo

La fuerza ciudadana quiere motivar a la conformidad a los que creen que no se puede cambiar nada

Terminó la temporada de campañas. Tres escenarios con mucho de lo mismo, frente a una sociedad que ya no quiere más de eso. Vimos candidatos exacerbando a la política como arte de la simulación y la mentira, políticos camuflados que desearían que la sociedad siguiera ignorante y ausente, escenarios en los que decir la verdad y tener principios pareciera excepción. Vimos a otros que nada tienen que ver con esto, y multitudes en redes y medios haciendo un llamado urgente a reivindicar la política. Aún estamos a tiempo.

La política debe ser el arte de transformar la realidad, sin cabida para quienes quieran verla como el eslabón de la cadena de poder que da garantiza el control absoluto. Urge mutar esos eslabones que escapan a los controles democráticos, a esos poderes fácticos, financieros y mediáticos que no están obligados a rendir cuentas, y que debieran carecer de voz para señalar qué gobiernos convienen.

La fuerza ciudadana quiere motivar a la conformidad los que creen que no se puede cambiar nada. Quiere atacar la mentalidad de quien evidenciando y sufriendo corrupción, explotación y precariedad, califica cualquier intento de cambio como peligroso, inaceptable o imposible. Quiere desenmascarar a quienes se disfrazan de independientes y usan piel de cordero para hacerse parte del mismo entramado de engaño.

Inconcebible que esta ciu-dadanía prefiera libremente al PRI, que ha hecho de la corrupción y la injusticia una forma de gobierno. Inadmisible ese partido corrupto y sin escrúpulos, que ha marcado este sexenio como su vergonzosa obra cumbre, con su tradicional arrogancia frente a los débiles y servilismo ante poderosos.

El PRI representa la peor costumbre de México. Su ideología es la cercanía con el poder; en ella se escudan y de ella viven, justificando todo. Su modo de vida, corromper y repartir. Otros ya se han contagiado, cuidado.

Políticos favorecidos por esta costumbre siguen aspirando a cargos, confunden la acción del buen servir con anhelar una forma fácil de llegar a la opulencia, van por ahí carentes de escrúpulos o principios que podrían frenarlos a liarse y aliarse con lo peor.

No más de esos que terminan convertidos en marionetas de los poderosos y absurdamente ignorantes de a quién sirven y de qué sirven.

Los ciudadanos de avanzada saben que gobernar es el ejercicio de obedecer a la gente. Les resulta inconcebible que la comunicación sea limitada por la autoridad, no toleran que quienes deben procurar la imparcialidad y garantizar libertades sean sometidos y sean silenciadas las causas que la sociedad demanda. Estos ciudadanos no permitirán que la autoridad deje de ser garante y se convierta en cómplice obscuro de intereses ajenos, no más.

DIACRÍTICO: Quienes todavía no hayan entendido que la autoridad está para hacer valer y respetar las garantías, y que gobernar es mandar obedeciendo a la gente, se irán de bruces… y ya lo veremos. En el engaño nada florece y en la verdad todo es posible.

 

Columna anterior: Alan Pulido, ni se despeinó

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