No más corazones rotos (Parte I)

Tres corazones rotos juntos era una poderosa razón para hacer una escapada de chicas a un destino lejano

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México
Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Así fue como decidimos Lara, Rosa y yo, olvidar las penas y embarcarnos en una aventura que nos enfrentara a lo inesperado en Portugal.

Todo comenzó desde que abordamos el vuelo hacia Lisboa y nos recibió en la puerta del avión un piloto guapísimo y dos sobrecargos con una gran sonrisa. A mitad del vuelo, los caballerosos muchachos nos enviaron, a cada una, una botellita individual de cava, misma a la que sólo pudimos darle unos sorbitos, suficientes para desatar un ataque de risa incontenible que generó la queja de algún pasajero mayor sentado un par de filas delante. Ante la reclamación, otra de las sobrecargos le respondió al malhumorado viajero que nuestro pecado era ser solteras, guapas y felices, que eso era motivo para muchas risas, y que dejara de quejarse. Lo que ella no sabía es que íbamos destartaladas del corazón y por eso el viaje.

En tanto, otro del equipo abordo, un chico alto y de ojos verdes, fue claro y directo con nuestra querida Rosita quien, dicho sea de paso, dicen los hombres que tiene un no sé qué, que qué sé yo y ahí estábamos Lara y yo atestiguándolo.

Cuando aterrizamos y nos bajamos del avión todo el crew del vuelo se esperó hasta que saliéramos para hacerse una foto con nosotras. Reconozco que quien nos hacía ilusión era el piloto que, aunque un poco tímido, se animó a preguntar sobre nuestra estancia. Ante nuestra respuesta, los sobrecargos fueron los lanzados en soltar una invitación para ir a tomar algo esa misma noche. Así que Rosita fue la encargada de intercambiar teléfonos.

Nerviosas y muertas de risa llegamos a nuestro elegantísimo hotel cuando, para nuestra sorpresa, nos esperaba un concierge atentísimo llamado Bruno. Como era nuestra primera vez en Lisboa a él nos encomendamos para sugerencias de a dónde podíamos quedar con nuestros nuevos amigos del aire. Bruno ya se estaba apuntando al plan, pero le dimos un cortón inmediato que lo dejó muy decepcionado. Pero siendo domingo, nos mandó a un extrañísimo bar en el centro que nos describió como lo más top de la ciudad para una noche de muy poca actividad.

Al llegar nos topamos con una gran puerta antigua roja cerrada a piedra y lodo. Tenías que tocar un timbre y después abrían una pequeña compuerta en la parte superior en la que se asomaba un señor gigante que solicitaba una contraseña; juro que por un momento me sentí Tom Cruise en Eyes Wide Shot y estuve a punto de responder Fidelio, pero dejé que Rosita hiciera todo el trámite para acceder al club súper privado.

Lo que encontramos una vez dicha la contraseña secreta y abierta la gran puerta roja nos dejó alucinadas ¿Por qué? Lo sabrán en mi siguiente AnecdATArio…

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@ATASARMI

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