No a la revocación

Hace poco se introdujeron novedades como la iniciativa ciudadana, la reelección de alcaldes y legisladores, y las candidaturas independientes, y es claro que aún debe mejorarse su regulación

No a la revocación

Tiene suficientes problemas nuestro sistema electoral como para acumularle tareas sin repensarlo de fondo. Desde hace años se han planteado ideas como la segunda vuelta, el cambio de tamaño y fórmula para integrar la Cámara de Diputados y el Senado, y la renovación total del sistema de financiamiento y competencia electoral, todos ellos sin llegar a consensos. Hace poco se introdujeron novedades como la iniciativa ciudadana, la reelección de alcaldes y legisladores, y las candidaturas independientes, y es claro que aún debe mejorarse su regulación. De ahí la primera de tres razones principales por las que debe rechazarse la iniciativa de revocación de mandato que ha aprobado la coalición de Morena en la Cámara de Diputados: su improvisación y estrechez analítica. Meter al Presidente y la conclusión de su término constitucional en el corazón del sistema electoral mexicano requiere de mucho más análisis público que el que se le ha dedicado hasta ahora. El pasado 1 de julio, nuestras reglas e instituciones electorales mostraron que para lo esencial (garantizar un padrón confiable y contar correctamente los votos) funcionan muy bien. Pero los vicios del clientelismo exacerbado, de los ríos de efectivo sucio corriendo en los medios y campañas, de la impunidad de la compra y coacción del voto, y al final de cuentas, de la desafección de los ciudadanos con la democracia, debieran ser motivo para todo menos para complicar el escenario. La iniciativa que llegará al Senado promueve una transformación extremadamente parcial del sistema político mexicano, cuyos efectos potenciales son altamente desequilibrantes. Piense usted si no. Sería la primera vez en la historia de México, desde Porfirio Díaz, que un Presidente aparecería en la boleta durante su mandato. No es ético que se apruebe la revocación de mandato sin insertarse antes en un diagnóstico integral de nuestra democracia, y ello sólo es posible después de un mucho mayor grado de discusión y consenso.

Ahí la segunda razón esencial por la que debe frenarse esta propuesta. Resulta conveniente que cualquier definición que trastoque el poder presidencial y el sistema electoral mexicano, sea aprobada no sólo por las dos terceras partes de las Cámaras que pide la Constitución, sino casi solamente con un consenso pleno de las fuerzas políticas. Que sólo se haga el cambio si nuestros partidos logran, además de la mayoría que exige la Constitución, la madurez política de un auténtico acuerdo. Una propuesta como esta merece, por el bien del país, un tratamiento mucho más cuidadoso que el desaseado mayoriteo que ejercieron Morena y sus aliados en días pasados en la Cámara baja. Independientemente de los números que obtuvieron en la pasada elección, promulgar esta reforma contra el voto de las tres principales fuerzas políticas de toda la era democrática de México tendría una connotación terriblemente imprudente, si no es que históricamente impúdica. La tercera razón es relativamente sencilla. Dado que el presidente López Obrador ha dicho una y otra vez que no quiere reelegirse, ¿qué sentido tiene aprobar una reforma que permite que el tiempo de su mandato constitucional se modifique, para acortarse, por medio del voto directo? Si bajo el argumento de la revocación el pueblo pone y el pueblo quita, ¿qué le impediría entonces al pueblo volver a poner?

 

@ALEJANDROPOIRE

 

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