Niños y mujeres armados

Fueron utilizados por adultos que necesitaban llamar la atención, para alertar sobre la violencia en que viven

Gabriel Baducco / Así de sencillo / Heraldo de México
Gabriel Baducco / Así de sencillo / Heraldo de México

Con un bebé en un brazo y un micrófono en el otro, Luna Gaspar habla en representación de los cientos de personas que el 27 de enero pasado fueron desplazadas de sus hogares en Chilapa, Guerrero; después de un enfrentamiento armado, integrantes del Movimiento por la Paz y Justicia (civiles armados al servicio de Los Ardillos) contra miembros de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Pueblos Fundadores (CRAC-PF). Desde entonces, 12 personas permanecen desaparecidas. La familia de Luna y muchas otras escaparon a Rincón de Chautla. Es que Chilapa, Quechultenango y Hueycantenango son los municipios que conforman el triángulo del narco en Guerrero, disputado por grupos criminales como Los Ardillos.

Lo que Luna Gaspar dijo es que las mujeres toman las armas para incorporarse a la policía comunitaria. Llevamos 4 meses de ser atacados por 200 sicarios. Detrás de ella, sus compañeras, otras mujeres indígenas nahuas portaban rifles de bajo calibre. Uno las ve y se pregunta qué tanto podrán hacer. Uno las ve y se pregunta si el Estado, en general, y el gobierno, en particular, es tan incapaz de defenderlas. Este fin de semana, nada era distinto a lo que ha venido sucediendo desde que la incapacidad gubernamental de Ángel Aguirre no pudo apagar los fuegos de violencia en el estado de Guerrero. Y lo de incapacidad no es opinión, es un hecho: renunció a su cargo de gobernador. No pudo con el puesto. Escudándose en el artículo 11 de la Constitución de Guerrero, que habla de la autodeterminación de los pueblos sobre sus sistemas normativos, Aguirre entregó nada menos que la seguridad de una zona en conflicto.

Sin embargo, lo de esta semana sí es muy distinto de lo que ocurrió el fin de semana anterior, cuando también, por medio de un video, unos 10 niños anunciaban su incorporación a la policía comunitaria, leían un discurso que no habían escrito y actuaban una escena de entrenamiento militar, con todo y posiciones de tiro.

Niños de entre 7 y 10 años. Niños que, claramente, no podrían cargar las armas que en sus manos estaban representadas por palos.

Esos niños fueron utilizados por adultos que necesitaban llamar la atención, tal vez genuinamente, para alertar a todo el mundo sobre la situación de violencia en la que viven.

La verdad, es que no importa que la Comisión Nacional de Derechos Humanos haga un llamado a los gobiernos estatal y federal para salvaguardar la seguridad y los derechos de los niños en esta zona controlada por la delincuencia. Lo que importa es que durante un par de décadas, quienes gobernaron de manera regional y a nivel federal, no pudieron con el desastre de seguridad en Guerrero.

Ese lugar donde, según dijo el representante en México del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Christian Skoog, los niños dejan las aulas para convertirse en buscadores de vida en fosas clandestinas. Así de sencillo.

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@GABRIELBAUDUCCO

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