Ni indígena, ni europeo: mexicano

Los costos humanos del encuentro de americanos con europeos fueron incalculables. Gracias a las plagas del llamado "Viejo Continente", al igual que la explotación...

Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México
Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México

América del Norte nació como Nueva Francia, Nueva Inglaterra, y Nueva España (México, más Alta California, Nuevo México, Arizona, Texas, Colorado, Nevada, Utah, partes de Wyoming y Oregon y, de alguna manera, Filipinas). Por mucho la más importante era la española, que nombró la mayoría del continente, además de que le dio su dinero (el símbolo del dólar, $, es novohispano) y su primera universidad.

Los costos humanos del encuentro de americanos con europeos fueron incalculables. Gracias a las plagas del llamado Viejo Continente, al igual que la explotación y demás miserias, la población de grupos originarios se redujo en más de 40%. Una plaga autóctona, el Cocolitztli (que sorprende por su ausencia en los libros de historia), redujo otro tanto la población en los siglos 16, 17, 18, y hasta 19. De 20 millones de indígenas, la población de la colonia se redujo a menos de 2 millones. Es por eso que un país que debiera ser mayormente indígena es, hoy, 90% mestizo y 10% europeo. Nunca en la historia moderna se había dado una extinción tan completa de una población humana.

Entre la muerte masiva, el mestizaje, y la imposición relgiosa-cultural, el país resultante (México) es tan radicalmente diferente a los dominios precolombinos que negar el legado novohispano es suicida. Juzgar la Conquista (que, más bien, fue Nacimiento) es juzgarnos a nosotros mismos, de la misma manera que sería para Europa juzgar al Imperio Romano.

Después de la extraña carta que mandó la pareja presidencial al Rey de España nos queda una gran oportunidad para enterrar la visión derrotista, y resentida, de nuestra historia. La caricaturización del indígena para su reivindicación política tuvo su utilidad tanto para los criollos independentistas, como para los mestizos revolucionarios, pero también ha tenido costos enormes para la sociedad. La realidad es que no tenemos la menor idea cómo realmente se organizaban los pueblos originarios, ni qué creían, ni por qué hacían lo que hacían. Las comunidades llamadas indígenas de hoy lo son por autodenominación, no por pureza ni racial ni cultural. Aparte de que han estado tan permeadas por los valores y anhelos del mundo occidental que hablar de ellos como herederos de Huitzilopochtli es tan válido como decir que todos los seres humanos somos africanos. Nominalmente, es cierto, pero prácticamente, es un concepto inútil.

No existe un México indígena, ni existe un México europeo. Todo es mestizaje; todo es mezcla. Es hora de guardar los murales de Rivera en un museo y entender que, como dijo Torres Bodet, no hubo ni triunfo ni derrota, sino el doloroso nacimiento de una nueva nación que, eventualmente, prosperó (relativamente hablando). Más que disculpas, nos toca identificar qué queremos celebrar de nuestros valores y qué atavismos deberíamos dejar atrás. Yo sugiero que lo primero sea la universalidad de nuestro mestizaje y lo segundo la autodestructiva historia de victimización. Hoy, esa narrativa es más dañina que los errores y barbaridades de la época colonial.

 

Por AGUSTÍN BARRIOS GÓMEZ

@AGUSTIN BARRIOSG

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