Neoliberalismo de izquierda

A 100 días de la 4T hay signos inequívocos de que las políticas públicas son más neoliberales que las de los sexenios pasados

Jorge_Andrés_Castañeda
Jorge Andrés Castañeda / Analista / Heraldo de México

El Presidente se ha dedicado a culpar a la larga noche neoliberal, la época más oscura de nuestra historia, de todos los males del país. Esta muletilla le ha sido valiosísima, le ha permitido marcar un antes y un después y agrupar a los que él ve como enemigos del pueblo.

Sin duda, hay muchísimo que criticar del fracaso económico del país de los últimos 30 años, en esto tiene razón. Pero parece que está siguiendo las mismas recetas neoliberales. Sus acciones, que importan más que las palabras, muestran que está yendo a donde los que aprendieron malas mañas en el extranjero no se atrevieron.

Cuando AMLO habla de neoliberalismo se refiere a las políticas que implementaron en los 80 en Gran Bretaña y EU los gobiernos de Thatcher y Reagan, y después en México Salinas de Gortari, a partir de las teorías de Friedman y Hayek. En esencia se trata de achicar al Estado. La premisa es que el gobierno es un estorbo para la actividad económica y entre más pequeño sea, más crecerá la economía mejorando el nivel de vida de todos a través de la derrama económica. Las acciones de este gobierno parecen seguir estas recetas al pie de la letra.

Por una parte, está achicando al Estado a través de despidos masivos, haciendo lo que siempre quisieron hacer los neoliberales y no se atrevieron. Miles de funcionarios públicos en el SAT, hospitales y en un sinnúmero de dependencias fueron despedidos sin respetarse sus derechos laborales. Si el Estado tiene menos personal es capaz de hacer menos y gasta menos, justamente lo que recomendaban las recetas neoliberales.

Por otro lado, y más preocupante aún es la concepción del Estado y su responsabilidad en la provisión de bienes y servicios públicos. Las propuestas de reemplazar programas como estancias infantiles o refugios para mujeres por transferencias en efectivo permiten al Estado desentenderse por completo de sus responsabilidades. Asume que con transferir dinero el mercado es capaz de resolver todos los males. Esto parte del supuesto neoliberal que cada individuo sabe como maximizar su utilidad y ya verá si quiere gastar el dinero en una guardería o en una tele. Incluso los neoliberales más extremos proponen el uso de vales para sustituir servicios públicos que sólo puedan ser utilizados para fines específicos, asegurando que las transferencias sean utilizadas para su propósito. Esta propuesta ignora las necesidades no monetarias, como la atención psicológica en los refugios de mujeres, y abandona la idea de un Estado de bienestar que crea instituciones para proveer bienes y servicios públicos que el mercado no puede.

A 100 días de la llamada 4T hay signos inequívocos de que las políticas públicas son más neoliberales que las de los sexenios pasados y van más allá de lo que jamás hubiera soñado un doctorante en economía de Chicago en los 80. María Amparo Casar explicó en Nexos la construcción del gran benefactor, a ver si con estas políticas no pasamos de la pesadilla neoliberal al neoliberalismo clientelar.

 

@jorgeacast

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