Negar la verdad, ¿Cuál verdad?

Andrés Manuel López Obrador cada mañana insiste en que estamos en el solsticio de verano, un largo y bonito día de luz nos espera. La aprobación que tiene el mandatario responde también a esa esperanza

Óscar Sandoval / Articulista invitado / El Heraldo de México
Óscar Sandoval / Articulista invitado / El Heraldo de México

Los cambios son incómodos. México transita en la hora gris del llamado cambio de régimen.

No sabemos si rumbo al solsticio de verano o de invierno. Se le llama incertidumbre, pero son visiones encontradas. La buena es que como hemos visto en la relación comercial con Estados Unidos, los intereses se acomodan.

La referencia es la forma en la que se ha ejercido el poder históricamente. De ahí que de manera automática el análisis tienda a hacer un comparativo con otros inicios de gobierno.

El número de renuncias que ha enfrentado la #4T es anecdótico y contrario a lo que se quiere analizar, son el síntoma y no la causa.

La fuerza centrífuga del poder lleva implícito que esto pase. Lo trascendente es aquello que, como la fe, puede no verse, pero esta pasando y en este país, está pasando mucho más de lo que queremos ver.

Por un lado, el presidente Andrés Manuel López Obrador cada mañana insiste en que estamos en el solsticio de verano, un largo y bonito día de luz nos espera.

La aprobación que tiene el mandatario responde también a esa esperanza. La fluctuación entre encuestas, de hecho, responde en mucho a las percepciones en ese ámbito.

Se ha hecho mofa de la cara del Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, durante el nombramiento público relacionándolo con lo tormentosa tarea que enfrenta. La expresión es innegable y tal vez justificable. El efecto que causó en mí, más que preocupación por las finanzas nacionales o sobre su capacidad y experiencia, fue recordarme la cara que tratan de esconder muchos empresarios cada vez que el Gobierno ejerce una nueva acción: la víspera de la noche más larga.

Aquí un punto de encuentro. En medio estamos usted y yo. En nuestro mundo, vamos tan bien o tan mal como la queramos ver.

Recientemente escuchaba una conversación entre amigos en la que quien manifestaba haber votado por López Obrador preguntaba a quien no lo había hecho, si ya se había arrepentido de no hacerlo.

Ambos personajes pertenecen a la diferenciación recordada por el Presidente, el sector fifi, lo que en realidad, es irrelevante.

Insisto, hoy más que nunca estamos en el juego de las percepciones. Cada uno vamos cargando nuestra propia verdad, muchas veces a pesar de la realidad. Lo preocupante es que como puso de moda la serie Chernobyl, queramos negar lo que en verdad está pasando: nos estamos polarizando en función de la pasión y no de la razón.

¿Por qué está siendo tan difícil llegar al punto de encuentro? Estamos aferrándonos a vivir en la realidad que nos conviene.

Al Presidente que no se le muevan los indicadores económicos en los que no cree.

A los empresarios que no se modifique el escenario al que están acostumbrados.

A nosotros, que no nos roben la idea de haber alcanzado la clase media. El pleito superficial puede ser entre los funcionarios públicos de alto nivel, el de fondo, es el de nuestra economía, la suya y la mía.

Por Oscar Sandoval

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