Mujeres y violencia

Los cuerpos femeninos son víctimas de la precariedad, que se ha vuelto condición de dominación

Pedro Ángel Palou / Heraldo  de México
Pedro Ángel Palou / Heraldo de México

Un grupo de policías viola a una joven en la Ciudad de México. Cientos de mujeres protestan, arrojan diamantina contra un funcionario de seguridad. La jefa de Gobierno defiende a los uniformados, la rabia aumenta. Se organiza una marcha. Como otras veces, hay infiltrados que buscan violencia y denostar la lucha legítima de las mujeres por su seguridad en un país machista. Un hombre incluso —se ve en el video— da órdenes a otro para que golpee a un periodista. Dos hombres, infiltrados. Hay, es cierto, vidrios rotos, una estatua con pintas. Al día siguiente cierta prensa muestra indignación por el vandalismo de las mujeres y entonces descalifican la marcha. Yo mismo, en mis redes, puse unos datos que ahora compartiré:

Entonces la solución es romper vidrios y pintar monumentos, escribieron en mi muro.

Claro que no. La marcha tiene como objetivo visibilizar el problema y buscar soluciones colectivas a un mal que no deja de ser uno de los más lacerantes de México.

Brenda Lozano posteó una infografía. Los datos son brutales. El título: Ser mujer en México: deporte extremo. La ONU declara que la violencia de género en México es una pandemia. Cada 4 minutos ocurre una violación. Una mexicana de entre 15 y 45 años tiene más probabilidad de ser violada o asesinada que enfermarse de cáncer, 40% de la población de mujeres ha sufrido abuso, y 70% de las violaciones ocurre en el contexto familiar, no son de desconocidos, 38% de mujeres maltratadas no denuncia. Hemos normalizado la violencia de género.

Los cuerpos femeninos son víctimas de la precariedad, que se ha vuelto condición de dominación y nos coloca vulnerables. Su contraparte es la protección política y la inmunización social contra el peligro. Lo precario no es un estado de excepción, sino la condición de normalidad.

Precaridad, así designaría una dimensión ontológica de los cuerpos y las vidas. Una condición inexorable no sólo por condición mortal, sino por social. Precariedad podríamos considerarla categoría del orden que denota efectos de compensaciones políticas, legales y sociales. Denota posiciones sociales de inseguridad y su jerarquización acompaña procesos de exclusión. Pero la tercera dimensión de lo precario, según Lorey, es la dinámica de precarización gubernamental. Designa los modos de gobierno desde las condiciones capitalistas-industriales de producción e implica desestabilización a través del trabajo y la desestabilización de la vida y los cuerpos.

En la UNAM, Judith habló a la luz del duelo por los normalistas de Ayotzinapa. Opinó que si no se puede confiar en la ley, hay que oponerse a la violencia. Butler ha discutido la dignificación de la vida en la muerte en su Vida precaria (2004), al pensar que una vida es digna de duelo, de recordarse con dolor. En el México de la violencia arbitraria y sistémica, tenemos derecho a pensar y a articularnos políticamente. Demandas concretas son lo urgente. Con o sin diamantina, sigamos marchando.

POR PEDRO ÁNGEL PALOU

COLABORADOR

@PEDROPALOU

edp

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