Morena, gobierno y oposición

El partido de AMLO no tiene oposición, y si la hay, está en sus propias filas, como pudo verse en la disputa en el Senado

Carlos Zúñiga
Carlos Zúñiga / Acceso libre / El Heraldo de México

Hay cosas que pasan en Morena que no pueden explicarse siendo el partido en el poder. Pero viendo que en la administración federal existen otras situaciones inexplicables, no hay que sorprenderse mucho.

Morena va a elegir a su dirigente nacional, el primero estando en el poder. Los morenistas, fieles a su pasado, han entrampado esta elección. Los aspirantes y sus seguidores no han tenido pudor en demostrar sus deseos de manejar el partido político que recibe más prerrogativas del INE (son más de mil 600 millones de pesos) aunado a toda la influencia que tienen a partir de los resultados del 1 de julio de 2018.

Los cuatro interesados en la presidencia del partido, Yeidckol Polevnsky, Bertha Luján, Mario Delgado y Alejandro Rojas, casi al mismo tiempo de manifestar su interés, comenzaron el juego gritando foul.

El tema más delicado a punto de arrancar las asambleas distritales de las que saldrán los delegados al Congreso Nacional, del que se supone saldrá el nuevo dirigente, es la conformación del padrón de militantes de Morena. En teoría, este se encuentra cerrado desde el año pasado (con 3 millones 72 mil personas) y por razones no aclaradas ha presentado afiliaciones irregulares.

Los militantes registrados son quienes tenen derecho a asistir a los consejos distritales. Tal escándalo ha hecho que los candidatos se acerquen a la idea deslizada hace semanas por el presidente AMLO para que el nuevo dirigente sea elegido mediante encuestas. El tiempo apremia.

En medio de este caos, parece que alguien sacó ventaja. El diputado federal Mario Delgado armó el pasado miércoles una reunión con diputados, senadores y alcaldes, donde recibió porras y muchos elogios. En ese ambiente que lo arropaba pidió a su partido que se cumplan 7 puntos para llevar a buen término la contienda. Quizá la más importante fue que se atienda la recomendación de López Obrador para llevar a cabo por lo menos tres encuestas. La forma en la que se condujo hizo que más de uno lo perfilara ya como líder. Morena también llega a este proceso con la acusación contra funcionarios federales por intervenir con recursos y otras maniobras en la elección. Esto llevó al propio Presidente a marcar, a su estilo, una línea con sus correligionarios. Si el partido que fundé se echara a perder, no solo renunciaría sino que me gustaría que le cambiaran el nombre porque ese nombre no se debe de manchar, y agregó, entonces, que su gobierno no va a intervenir en las elecciones en Morena ni en las de ningún partido.

No estoy seguro que todos hayan entendido esas palabras. Sobre todo porque el partido del Presidente no tiene oposición, y si la hay, está en sus propias filas, como pudo verse en el episodio de disputa por la presidencia del Senado. En esta condición quien controle Morena logrará un gran triunfo, aunque sabemos que el único líder despacha ya en Palacio Nacional. Además, cada aspirante tiene sus propias ambiciones y un corazón que late por futuros candidatos, y eso también será determinante.

POR CARLOS ZÚÑIGA PÉREZ 

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@CARLOSZUP

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