Moody’s, chaira; Fitch, fifí

Que una empresa se ubique en un conjunto no quiere decir que esté imposibilitada para brincar al otro

Carlos_Mota
Carlos Mota / Un montón de plata / Heraldo de México

El episodio reciente en el que el presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió como hipócrita y cómplice a la calificadora Fitch por bajarle la nota a Pemex, para luego decir que la otra calificadora, Moody’s, había actuado de manera sensata y responsable por darle el beneficio de la duda, bien podría implicar que todo el espectro de negocios del sexenio arroje dos grupos empresas: las que están con AMLO y las que están contra él. Las chairas y las fifís.

Esta vez les tocó a las calificadoras. Pero podría ser cualquier empresa, de cualquier sector: constructoras chairas o fifís, farmacéuticas chairas o fifís, tiendas de autoservicio chairas o fifís, automotrices, maquiladoras, etc. La pregunta estratégica para los consejos de administración y los CEOs es en qué grupo se querrán ubicar, y cómo ejecutar una estrategia concordante con su elección.

En el conjunto de las empresas chairas estarían las del sector petrolero invitadas de manera directa a surtir a Pemex; las que se suman al programa Jóvenes Construyendo el Futuro; las que serán solidarias para no elevar precios cuando surja escasez de algún producto básico; las que apoyen construyendo algún proyecto de infraestructura aun cuando el estudio de factibilidad no sea concluyente.

A su vez, las empresas fifís serán las que sigan en la lógica de las licitaciones públicas, abiertas y transparentes; las que obedezcan reglas de las comisiones reguladoras independientes; las que no sepan cómo ubicar mil jóvenes en sus programas de capacitación ni les pongan mentores; las que orillen a sus empleados a irse a huelga por no elevarles el sueldo; las turísticas que no quieran colaborar con la nueva estrategia de promoción tras la desaparición del CPTM.

Que una empresa se ubique en un conjunto no quiere decir que esté imposibilitada para brincar al otro. En los negocios —y en la política— el pragmatismo manda. Por eso hemos visto estos dos meses que entre la cúpula de los órganos de representación empresarial se aplaude en público los proyectos que el gobierno enarbola, mientras en privado se cuchichea con mucha pestilencia sobre el gabinete. Algunos empresarios han elegido, por el momento, ser chairos por fuera y fifís por dentro. Los mecanismos psicológicos para conciliar ambas personalidades son aún desconocidos.

Imagino el siguiente Foro Forbes o la siguiente Cumbre de Negocios de Miguel Alemán incluyendo un panel así: Estrategia chaira o fifí: valorando ROI y ROA en la era de la Cuarta Transformación.

Los siguientes seis años dirán cuál de las dos estrategias fue la correcta. Habrá que analizar caso por caso, y algún estudiante de doctorado podría correr algún modelo estimando por ejemplo, para las empresas públicas, cuál de los dos conjuntos arrojará más rentabilidad y mejores dividendos.

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@soycarlosmota

 

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