Moderar la incertidumbre

Usar la palabra crisis en el entorno mundial se ha vuelto ingrediente de la frustración

Javier_García_Bejos
Javier García Bejos / Colaborador / Columna Editorial

La incertidumbre no es amiga del crecimiento económico, en México eso lo sabemos desde hace décadas.

El dinamismo de nuestra economía en años recientes, si bien no fue el esperado, logró hilar periodos de estabilidad en sus variables fundamentales, generando condiciones propicias para la inversión y la generación de empleo.

Asimismo, el liderazgo del país en el exterior garantizó que tuviéramos mejores herramientas para andar por el camino de la globalización, como un protagonista en la agenda internacional.

Encima de todo, las perspectivas a largo plazo de la economía permitían divisar mejoras importantes en el nivel de vida de la gente, generando así un mayor equilibrio regional.

Sin embargo, en los últimos días, nos cayó una auténtica bomba, si de incertidumbre se trata.

El presidente Donald Trump, como inicio de su campaña rumbo a la reelección, que se antoja muy posible, resolvió imponer aranceles a los productos mexicanos de manera unilateral, con todo y la afectación a su economía. La razón, la situación en la frontera común y la migración. Estos temas parecen no tener espacio de entendimiento entre su gobierno y la administración del presidente López Obrador, lo que complica la relación bilateral y ahora amenaza la economía de la región.

Sobra decir que mezclar lo comercial con lo migratorio es una mala estrategia; México no puede ser el policía de Estados Unidos para detener la migración, fenómeno social complejo que involucra a muchos países.

Los aranceles, que además podrían ser escalables, se traducirán en afectaciones en el tipo de cambio, la inflación, las tasas de interés y el crecimiento económico.

Para rematar, Fitch y Moody’s rebajaron la nota crediticia y la perspectiva de nuestro país; por ahora, en el marco de afectar expectativas, se comienza a confirmar un hecho preocupante: las cosas no cuadran y urge reaccionar.

En ese sentido, el paso fundamental tiene que empezar por generar credibilidad en el programa del gobierno, su visión y capacidad de ejecución.

Igualmente, pasa por entender que existen señales combinadas de menor crecimiento, menos empleos e inversión, y baja en las expectativas del consumidor.

La única manera para solventarlas es a través de mensajes claros que moderen la incertidumbre, que está comenzando a generar muy pronto una desviación para la economía.

Usar la palabra crisis en el entorno mundial se ha vuelto ingrediente permanente de la frustración con la globalización, pero cuando ella empieza a tener componentes reales en lo externo y lo interno, entonces las expectativas cambian y la posibilidad de crecer se aleja.

El reto todavía está en hacer políticas públicas, en generar certidumbre a partir de acciones con sentido, en preservar alianzas estratégicas hacia afuera y, antes de hacer tanta y tanta política, entender que sin política económica congruente, lo único que existe es incertidumbre; viendo hacia el pasado, sabemos muy bien cuántos problemas nos puede causar.

Es momento de cerrar filas y proteger lo más valioso que México posee: la capacidad de crecer.

JAVIER GARCÍA BEJOS

COLABORADOR

@JGARCIABEJOS

¿Te gustó este contenido?