Mirando al otro lado

¿Cómo votar por el Jefe de Gobierno?

Mirando al otro lado

La elección para jefe de Gobierno de la CDMX obliga a definir con precisión la mejor propuesta que la ciudad requiere para tener un futuro en libertad, igualdad y libre de violencia. Después de 21 años de gobernanza por la izquierda, todo indica que la balanza electoral sigue inclinándose por esa corriente, con una importante novedad: ahora hay dos opciones. Y habría que elegir una de ellas para gobernar la ciudad. ¿A cuál escoger?

Mientras el Frente con PRD pregona un gobierno de coalición de centroderecha y centroizquierda como garantía de gobernanza, concertación y pluralidad entre pares, Morena ofrece un proyecto de conducción unipartidista y unipersonal con un acuerdo político-electoral entre dispares, muchas veces operando al margen de la institucionalidad. La ciudad tendrá que decidir si opta por una ciudad de instituciones y legalidad o una de la aplicación discrecional de la ley además del tibio compromiso con el desarrollo institucional democrático. La inevitable definición es entre institucionalidad y pluralidad o gobernanza unipartidista y unipersonal. Ofrecen modelos de gobierno completamente distintos.

Otro criterio útil para definir quién debiera gobernar girará en torno a cuál de los dos proyectos asegurará que los logros en materia del ejercicio de derechos humanos alcanzados en la ciudad y su institucionalización continuarán e, incluso, se profundizarán. Es evidente que cada día surgen nuevas necesidades en el ejercicio de derechos. La seguridad de los niños y adolescentes en la ciudad exige una respuesta pública urgente, como lo exige su derecho a la salud, educación y a la cultura y el deporte. Igualmente para protección de las mujeres ante la violencia. Por esto el próximo gobierno deberá plantear una nueva generación de reformas sociales y derechos básicos a los que deberán tener acceso especialmente las nuevas generaciones de habitantes de la ciudad. Sería inútil un debate definiendo la autoría de los apoyos a la tercera edad y, por tanto, quién merece ese voto, simulando una nueva cultura corporativista. La oferta de una nueva generación de reformas versará sobre sus alcances, aplicabilidad y financiamiento.

Otro elemento a considerar a la hora de definir el voto es ¿qué proyecto puede suscitar mayor diálogo y comunicación con los habitantes de la ciudad, por su espíritu dialoguista, pluralista y libertario? Este punto es central para la ciudad, porque se refiere a la calidad en la relación entre ciudadanía y gobierno. Un proyecto de gobierno encuentra, en tanto oferta de gobierno de coalición, su razón

de ser en el constante esfuerzo por concertar opiniones opuestas y definir el terreno común entre muchos puntos de vista. Su propia naturaleza como coalición le imprime un espíritu dialoguista, convertido en segunda naturaleza. El otro proyecto, basado en la confrontación, como ha mostrado su historia, exige lealtad y subordinación a sus dictados y ordenamientos. No fomenta el diálogo en libertad, sino obliga a la definición de los opuestos: estás conmigo o en mi contra. No hay grises ni puntos intermedios. Impone la polarización como método de gobernanza.

La participación ciudadana en la toma de decisiones debe ser piedra angular en la propuesta del futuro gobierno. La más cruel omisión de opinión ciudadana que ha vivido la ciudad fue la publicación del Bando 2 por López Obrador a pocos días de haber asumido la jefatura de Gobierno. Él cambió autoritariamente los usos de suelo en las cuatro delegaciones centrales de la ciudad (BJ, MH, VC y Cuauhtémoc) desatándose así un boom inmobiliario sin planificación. Ese boom inmobiliario fue promovido por Claudia Scheinbaum, secretaria de Medio Ambiente, que tiene en su currículo el haber puesto más concreto en la ciudad que cualquier otro secretario del ramo. Nunca hubo consulta ciudadana sobre el cambio masivo de usos de suelo.

Sería un ecocidio si intentaran imponer otro Bando 2 a la ciudad y seguramente se haría sin consulta ciudadana. El próximo gobierno deberá trabajar sin reservas con el nuevo Congreso local para actualizar la Ley de Participación Ciudadana proponiendo una nueva generación del modelo participativo dando peso vinculatorio a la opinión ciudadana en materia del desarrollo urbano, democracia, movilidad, cultura, seguridad, transparencia y combate a la corrupción. Gobierno abierto y la transparencia son preocupaciones centrales y la reserva de documentos oficiales por 20 años, como lo hicieron Sheinbaum y López Obrador con la construcción de los segundos pisos, deberá prohibirse. También deberá instaurarse nuevos instrumentos para la transparencia y acceso a la información por parte de los ciudadanos, como Fintech de reciente aprobación y blockchain para el más fácil conocimiento público de las finanzas de la ciudad.

Estos parámetros permitirán definir, quién podrá dirigir mejor los destinos de la ciudad durante los próximos seis años.

Por Ricardo Pascoe

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónSacapuntas

Sacapuntas