Ministerios Públicos: Corrupción, impunidad y malos tratos en las Agencias

Tengo miedo a los Ministerios Públicos; el problema en la procuración de justicia no se resuelve desde arriba, sino capacitando y dignificando al personal de las Agencias y a los Policías

José Luis Ayoub / Heraldo de México

La corrupción, impunidad y malos tratos en los Ministerios Públicos, es un problema latente en México. Lamentablemente, se deben vivir en carne propia las omisiones de las autoridades, para realmente ser conscientes de la falta de capacitación y profesionalismo en las Agencias. Tengo miedo… a los Ministerios Públicos.

Esta es una historia real que no busca generalizar, pero que seguramente refleja la cruel realidad que cotidianamente sufren muchos mexicanos. Sin que los ladrones respetaran el 12 de diciembre, nos asaltaron. Un robo violento a mano armada en un espacio cerrado, la estética de mi amiga Maribel. Dos adolescentes de entre 17 y 20 años. Uno de ellos con un subfusil UZI, y, el otro, con un fusil de asalto AK-47, ambas con una capacidad de 600 disparos por minuto. ¡Una locura!

No es materia para analizar aquí, aunque lo dejo sobre la mesa, el hecho de que dos menores de edad portaran, a plena luz del día, armas de alto poder. ¿Cómo las consiguieron? ¿Cómo las transportan? ¿Quién los protege?; o, la impotencia e indefensión que siente el ciudadano de a pie, al verse despojado de sus pertenencias, con tanta impunidad y descaro. El tiempo de respuesta de la autoridad es muy pobre.

La historia más bien se dirige a la terrible experiencia y revictimización que sufrí en la Agencia del Ministerio Público MH-2, después del robo. Un verdadero viacrucis, con un sentimiento de temor, impotencia e impunidad. Al tratar con el fiscal en turno, te sientes más amenazado, vejado, que en el mismo robo y da mucho miedo brindar tus datos personales, por temor a represalias orquestadas por el mismo Agente.

En mi caso, posterior al hecho, asistí a la Agencia que se encuentra en la misma Alcaldía; después de más de dos horas de espera nocturna, me informaron que ahí no podían levantar la denuncia, que tenía que buscar la circunscripción correspondiente -seguramente, para no incrementar su incidencia delictiva-. Un par de horas más tarde, Maribel, me comunicó que se encontraba en la Agencia MH-2.

Llegué a la Agencia, el trato del Ministerio Público fue por demás humillante, grosero y prepotente. En principio, se negaba rotundamente a lavantar la denuncia. Tienes que regresar otro día ¿Por? Cuando por fin lo convencí, insultándome y amenazante, solicitó mis datos personales -amén de la evidente falta de capacitación, conocimiento, disposición y destreza con el uso de la computadora-, fue cuando reflexioné y me alerté que no debía darle mis generales. Me pondría en grave peligro.

Finalmente, Maribel tenía en proceso su denuncia, necesaria además para el pago de los seguros, por lo que para resolver el dilema, ella amplió la misma e incluyó los pormenores de lo que me habían robado.

De acuerdo con el artículo 20 Constitucional, las víctimas de un delito tienen, entre otros derechos fundamentales, el de ser respetados en su dignidad como personas, recibir asesoría jurídica, ser informados de sus derechos constitucionales, así como recibirles todos los elementos de prueba con los que cuenten. En mi caso, como es evidente, nada de eso sucedió. Tengo miedo… a los Agentes del Ministerio Público.

Por ello considero, a través de otros análisis y de mi vivencia, que el grave problema que vivimos en la procuración de justicia, no tiene que ver con la selección o cambios en los altos mandos de las Físcalías, Procuradurías o Subprocuradurías, sino en las y los servidores públicos que tienen el primero contacto con la ciudadanía; aquellos que olvidaron por completo lo que su encargo representa: servir.

Implementar políticas públicas que permitan capacitar a los Fiscales, Policías, a todo el personal de las Agencias; dignificar la labor policial, mejorar sueldos, prestaciones y reconocer su importante trabajo, puede ser el parteaguas necesario para cambiar la terrorífica experiencia, en una más eficaz y, en la cual, sobre todo, se respeten los derechos humanos de las víctimas u ofendidos.

Exhorto respetuosamente a las autoridades para que comprueben, dándose una vuelta por las Agencias del Ministerio Público en las Alcadías, que el problema no se resuelve desde arriba, sino que siempre ha estado en la primera línea de batalla.

POR JOSÉ LUIS AYOUB

DR.ECHOSHUMANOS@OUTLOOK.COM

@JLAYOUB

eadp

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