Migración y xenofobia empujan a un nuevo orden mundial

México ha dado muestras claras de que detesta el paso de centroamericanos camino a EU

Gardenia_Mendoza

¿Cómo es posible que esto haya pasado aquí, en un país que se enorgullece de ser abierto, pacífico y tolerante?.

El discurso desencajado de la primera ministra neozelandesa, Jacinta Aidem, después del ataque xenófobo a dos mezquitas donde murieron 50 personas en días recientes, representa mucho más que una interrogante desesperada. Si se lee entre líneas es, más bien, una alerta de que la migración, entre otros actores, está empujando al mundo a un nuevo orden mundial que sustituya al viejo conocido por ese nombre, pero que data de 1918.

En aquel tiempo se buscaba un equilibrio de naciones basado principalmente en las experiencias de guerras europeas que pusieran fin a los conflictos internacionales. Así nació el Plan Marshall, que dio paso a lo que se conoció posteriormente como el nuevo orden mundial fundamentado en valores democráticos y una sociedad de naciones comandada en esencia por Estados Unidos.

Pero si bien el Plan Marshall le dio al mundo algunas de las mejores victorias de la diplomacia del siglo XX, también algunos sinsabores como la incapacidad de la ONU para brindar seguridad colectiva sin un mecanismo militar, tal como bien describió Henry Kissinger, uno de los genios de la estrategia geopolítica estadounidense, en su oportuno ensayo Reconsideración de un Nuevo Orden Mundial (FCE, 2000).

Ya entrado en el siglo XXI, la aparición de figuras y fuerzas dictatoriales contrarias a los valores democráticos, a las cuales EU defiende y ha intentado con poco éxito neutralizar sin dejar a un lado sus intereses particulares, abre el camino a una discusión o debate sobre lo que necesita el mundo para llegar a otro entendimiento entre naciones.

Principalmente porque tanto esas fuerzas como el combate a éstas han terminado por expulsar a miles de personas como refugiados políticos o migrantes económicos que van desesperados hacia países que en otros tiempos no hubieran considerado, como Nueva Zelanda o Australia.

En las últimas horas, el político australiano Fraser Anning, quien se ha declarado abiertamente en contra de la invasión asiática a su país, buscó raja política y culpó a las laxas leyes migratorias de la masacre ocurrida en Nueva Zelanda para atizar más el fuego de una región lastimada y sorprendida por la xenofobia.

El autor de los asesinatos, Brenton Tarrant, dijo que se inspiró en otro xenófobo, Anders Behvrig Breivik, autor del ataque que dejó 77 personas muertas en Noruega (2011).

Del resto del mundo, ni qué decir. México ha dado muestras claras de que detesta el paso de centroamericanos camino a EU y en éste país los ataques en contra de latinos se han multiplicado con el discurso de Trump; en España, el Informe Raxen 2018 documentó que cada día ocurren 10 o 20 ataques de odio contra extranjeros y otras razas.

En pocas palabras se puede decir –en paráfrasis de Kissinger– que el mundo actual se asemeja cada vez más a la Europa del siglo XIX, nacionalista, xenófoba y urgida de nuevos pactos amistosos antes de que estalle otra bomba.

*Periodista

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