México: Zonas Económicas Especiales, ZEE

Se debe considerar las fuentes de recursos para el desarrollo de infraestructura y otros servicios

México: Zonas Económicas Especiales, ZEE

El desarrollo de zonas relativamente atrasadas tiene entre sus primeros antecedentes la Teoría de los Polos de Desarrollo, elaborada por Francois Perroux, que planteaba que era posible desarrollar una zona, a través de la integración de políticas públicas, federales y locales, que la dotaran de privilegios especiales basados en estímulos y exenciones fiscales, comerciales, inversiones en infraestructura, educación, salud, etc., en combinación con la participación del sector privado encabezado por empresas tipo ancla, capaces de inducir la instalación de sus proveedores en esas zonas, para generar círculos virtuosos capaces de transformar la región.

Uno de los modelos pioneros fue el de la semi aislada región de Shannon, en Irlanda, que inspirada en las teorías de Perroux, recurrió al uso de incentivos de todo tipo (fiscales, aduaneros, de infraestructura) con lo que logró la atracción de empresas que, en efecto, generaron empleo y riqueza para la región.

A partir del modelo irlandés una gran cantidad de países se involucraron en la creación de Zonas Económicas Especiales (ZEE) –se estima que hay más de 450 en 140 países—. Muchos de estos proyectos han fracasado o han dado lugar a efectos poco relevantes, sobre todo si se comparan con los altos costos incurridos. Hay algunos casos, sin embargo, que han sido altamente exitosos, como Shenzen en China, para la que su vecindad con Hong Kong —19 millas de distancia—, ha sido de invaluable estímulo.

En México, en septiembre fue la declaratoria oficial para detonar como ZEE tres regiones: Lázaro Cárdenas, el Istmo de Tehuantepec y Puerto Chiapas, para las cuales consideran paquetes de estímulos.

Dada la envergadura de las inversiones requeridas para dichos proyectos y que ninguno de ellos tiene a un Hong Kong enfrente, sería conveniente que antes de arrancar se consideren su potencial, las fuentes de recursos para el desarrollo de infraestructura y otros servicios, las facilidades de acceso a mercados, su disponibilidad de mano de obra calificada, y su real vocación y factibilidad de desarrollo.

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