México y EU: se imponen los intereses

Los gobiernos saben que se necesitan, y uno y otro se han preocupado por mantener una relación respetuosa

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

¿Cómo puede ser la relación entre Estados Unidos y México con un embajador estadounidense considerado como conservador y un gobierno mexicano cuyos funcionarios se autodefinen como de izquierda?

Las posibilidades son enormes, de hecho, aunque determinadas por sus instrucciones y los intereses que se muevan en Washington.

Los dos gobiernos saben que se necesitan y uno y otro se han preocupado por mantener una relación respetuosa, y aún cordial, con mecanismos y canales de cooperación y comunicación abiertos.

Basados en la historia reciente, para el aparato político estadounidense lo deseable es un gobierno mexicano que mantenga la estabilidad política, económica y social. Un régimen que mantenga la creciente relación económica, una baja migración y asegure su frontera sur.

Es claro también que eso implica varios compromisos formales y entendidos para ambas partes.

La cooperación en seguridad, la lucha contra el narcotráfico y la trata de personas son temas más o menos convenidos en lo formal aunque no en lo real. La pacificación de México y la vigencia del estado de derecho en el país serían bienvenidos para Estados Unidos.

De acuerdo con la visión estadounidense, definida hace un año por el senador republicano Marco Rubio, el interés mutuo de los Estados Unidos y México es tan fuerte, tan significativo, que es difícil imaginar que incluso alguien de la izquierda dura lo ignore, si verdaderamente quiere ser exitoso. No se puede ser presidente de México si no se reconoce esa realidad.

Rubio, de Florida, es presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense y considerado ahora como el ideólogo de la política latinoamericana de su país.

Quedan, sin embargo, posibilidades importantes de disensión, que pueden crear problemas, pero pueden también ser consideradas sobre una de las bases no-escritas de la relación bilateral: el acuerdo en estar en desacuerdo, como ocurrió recientemente con el tema de Venezuela.

Los presidentes Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador han mantenido varias conversaciones telefónicas, a falta de un mayor contacto personal y aunque se esperaba que hubiera fuegos artificiales entre dos personalidades tan mediáticas, hasta ahora no ha ocurrido.

Lo cierto, sin embargo, es que el mandatario mexicano ha permanecido notablemente calmado ante los exabruptos de Trump y aún medidas que ponen a México en posición incómoda, como la de no recibir a migrantes centroamericanos que piden asilo en la frontera.

En ese marco, la posible llegada como embajador de Christopher Landau, un abogado políticamente conservador es importante. Su estilo de trabajo puede definir el tono de la relación.

De acuerdo con personas que conocen a Landau, es un tipo centrado y mesurado, pero esa es una descripción de una ciudad donde hay un constante forcejeo para salir adelante.

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@carrenojose1

 

 

 

 

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