México se dice engañado

Siempre dije que para que la Cámara de Representantes aprobara el nuevo tratado comercial, necesitaba tener el visto bueno de la confederación de sindicatos de EU, la AFL-CIO

Armando Guzmán / El qué y por qué desde Washington / Heraldo de México

Antes culpar a alguien, revisemos los hechos:

El tratado firmado en Palacio Nacional el martes es distinto al que se manejó desde días anteriores en el Congreso. Esta última versión tiene párrafos que México totalmente rechaza.  

La objeción es la adición de agregados del Departamento del Trabajo de Estados Unidos a la embajada estadounidense en México, cuya tarea será vigilar el cumplimiento de la reforma laboral recientemente adoptada en México.

Esos attaches reportarán al Congreso en Washington sobre las violaciones que encuentren. Esos reportes serán verificados por expertos en leyes laborales, y los productos o servicios que provengan de sitios de trabajo mexicanos en donde estas violaciones no sean corregidas, tendrán que pagar aranceles para entrar a Estados Unidos; o simplemente se les prohibirá la entrada 

Se quitó a los inspectores, pero se agregó lo que usted acaba de leer.  

Siempre le dije que para que la Cámara de Representantes aprobara el nuevo tratado comercial con México, necesitaba recibir el visto bueno de la confederación de sindicatos de Estados Unidos la AFL-CIO, Richard Trumka su presidente, quien puso como condición que México aceptara el monitoreo de los nuevos agregados. Era o eso, o nada. 

¿Quién tuvo la culpa?

La prisa, en primer lugar y concentrar toda la negociación con Robert Lighthizer el representante comercial de EU. La verdadera negociación debió haber sido entre México y la AFL-CIO.  

Hace meses que el entonces nuevo gobierno envió al senador Napoleón Gómez Urrutia, acabado de llegar de Canadá, a negociar con sus supuestos amigos de la federación de sindicatos, que siempre lo apoyaron como líder sindical. Fue entonces que a él y al subsecretario Jesús Seade, les dijeron claramente que desconfiaban de la implementación de las reformas laborales del nuevo gobierno mexicano. Esto me lo confirmó una fuente que estuvo presente en esa discusión.

Imagínese el tamaño de la ironía –el presidente López Obrador teniendo que pagar los platos rotos del innombrable– El presidente Salinas de Gortari, porque fue Salinas quien en 1994 prometió cumplir los compromisos laborales y ambientales del nuevo TLCAN y nunca lo hizo. Y como usted sabe, EU tiene una muy buena memoria y es conocido que a Washington se le puede engañar una vez, pero dos, ya no.   

Los documentos que obtuve del Congreso me llegaron de una fuente en el comité de Ways and Means, Medios y Arbitrios, que me aseguró que el AFL-CIO le advirtió a los líderes del Congreso que sin esas nuevas condiciones, les dirían a los congresistas demócratas que siguieran opuestos al tratado. Lighthizer o escondió esto de México, o se dejo engañar de los demócratas, pero ahora regresar a arreglar todo con él, es arriesgarse a que se nos mienta, no una, sino dos veces.

Conclusión: hay que negociar directamente con los demócratas y con los sindicatos, de otra manera la firma del jueves habrá sido una enorme perdida de tiempo y un ridículo nacional.

POR ARMANDO GUZMÁN

*PERIODISTA

ARMANDONEWSMAN@AOL.COM

@ARMANDOREPORTA

abr

¿Te gustó este contenido?



Escribe al menos una palabra.