México, en la política estadounidense

Para un sector de EU, la migración tiene consecuencias indeseables para su país y su sociedad

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

México es importante para Estados Unidos, aunque eso no implica que a la hora de las decisiones los estadounidenses tomen sus puntos de vista en consideración.

La importancia mexicana es atestiguada por su presencia como convidado de piedra en tres de los más importantes y definitorios debates políticos estadounidenses actuales.

Por un lado, ciertamente está el omnipresente tema de migración. De acuerdo con todos los datos, el número de mexicanos que emigra anualmente a Estados Unidos, legal o ilegalmente, ha bajado en los últimos años de manera significativa. A cambio, el numero de migrantes centroamericanos ha crecido sobre todo en terrenos de visibilidad.

Grupos o caravanas de migrantes procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador, el llamado triángulo norte, fueron presentados por el presidente Donald Trump como —literalmente— fuerzas invasoras enemigas de Estados Unidos, aunque buscaban de entrada llegar a la frontera estadounidense para pedir asilo.

El tema es fuente de diferendo entre dos países con muy distintas visiones sobre migración.

Pero para un sector estadounidense la migración tiene consecuencias indeseables para su país y su sociedad, sobre todo el cambio de una nación blanca a un país multiétnico.

El tema está vinculado con la muralla que el propio Trump prometió construir en la frontera con México donde, según su descripción, hay violencia, drogas y delito en tales proporciones que sólo un muro podría detener su entrada al territorio estadounidense.

Pero junto con los migrantes indocumentados, el muro resulta la expresión de una sociedad temerosa de los cambios. Los estadounidenses se ostentan como un país de migrantes, pero la realidad es que cada oleada migratoria debió pagar su sitio con sangre y lágrimas —los irlandeses a mediados de los 1800, los italianos a fines de ese siglo y principios del XX pueden atestiguarlo— y que las visiones racistas fueron rampantes, especialmente en lo que se refería a asiáticos y latinos, más concretamente mexicanos.

El caso de indígenas y negros es diferente: unos estaban ahí y fueron desplazados y atados por defenderse, y los otros fueron llevados por un comercio terrible.

El tercer tema importante es el comercial. El acuerdo que en México se conoce como Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) enfrenta lo que en principio parece una complicada ruta a la ratificación, especialmente en el Congreso estadounidense.

Parte del problema es que el Congreso norteamericano en general busca incluir sus propias consideraciones. La segunda, que al ser un proyecto propuesto por Trump, enfrenta un escrutinio especialmente duro de los demócratas, que forman la minoría en el Senado pero la mayoría en la Cámara baja.

MéxicoCanadá están obligados a apoyar los esfuerzos del régimen Trump, pero tan amplios como sean, serán siempre secundarios en el rejuego político estadounidense.

 

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