México-EEUU: hora de realidades

La realidad es que México depende del mercado estadounidense para 80 por ciento de sus exportaciones

José Carreño
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

El realismo en la política, especialmente la internacional, es algo que siempre es útil; con frecuencia no se agradece, pero suele dar los mejores resultados.

En ese marco, la geopolítica es una ciencia maldita. Una que aborda la relación entre la política y su entorno geográfico, y que en las peores interpretaciones justifica designios imperialistas y en las mejores reconoce realidades y permite actuar a partir de ellas, con la esperanza de trabajar para el cambio eventual de circunstancias pero siempre a partir de hechos y realidades.

En cierta forma esa fue la lección que ofreció Marcelo Ebrard, Secretario de Relaciones Exteriores, en su visita del martes a Washington.

Buscó el mejor resultado posible de una situación imposible, y el triunfalista reporte que rindió al público mexicano así lo refleja. Si, se logró evitar la imposición de aranceles, pero a cambio se decidió mantener la vigilancia migratoria de acuerdo con las leyes mexicanas, eso sí, y evitar la denominación de tercer país seguro, por más que los detalles prácticos sugieran la posibilidad. Sí, se planteó la necesidad de que los Estados Unidos congelen el tráfico ilegal de armas a México. Si, se ofreció una cara digna.

De hecho, parte del tema es que México se obliga justamente a hacer cumplir leyes que habían quedado marginadas. Solo falta que las autoridades mexicanas controlen bien a bien la entrada de contrabando en su territorio, o restablezcan el imperio de la ley en el territorio nacional.

Es en alguna forma lo que ha hecho Canadá: cumple sus compromisos y luego regaña a los EEUU por sus omisiones, como su laxitud en el comercio de armas.

Pero el hecho es que México estaba en el extremo débil de la ecuación. La realidad es que México depende del mercado estadounidense para 80 por ciento de sus exportaciones y que a pesar de todos los esfuerzos, reales o imaginarios hechos ya por varias décadas por alterar esa situación, es una gesta que difícilmente tendrá resultados en varias más. En el mejor de los casos, hay que empezar en algún momento.

La realidad es que al margen del comercio, la geografía y la sociedad nos atan también. Los tres mil kilómetros de frontera implican también medio ambiente común, sea en cuencas y plataformas oceánicas o desiertos y ríos; implican problemas compartidos y necesidad de cooperar y negociar. Y eso sin haber empezado a hablar siquiera de factores sociales que como la población mexicana o de origen mexicano en Estados Unidos, y la población estadounidense o de origen estadounidense en México, tienen intereses reales en la convivencia.

Lo curioso es que haya sido necesario que dos presidentes sin interés aparente en lo internacional hayan llegado a conclusiones similares: los EEUU necesitan de la cooperación mexicana en seguridad, aun si deban obtenerla a base de chantajes; México necesita de la relación con Estados Unidos, aun si deba hacer concesiones dolorosas para su imagen.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
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@CARRENOJOSE


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