México clausuró gobierno de EU

De los 90 hasta 2010, México envió más gente a EU en menos tiempo de lo que se había visto en la historia y parecía que el intercambio había sido exitoso

Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México
Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México

Parafraseando la campaña de Clinton de 1992, es México, estúpido. Desde aquel 16 de junio de 2015 cuando el actual Presidente de EU pasó de ser el 12 precandidato republicano a ser el 1 gracias a que llamó a los mexicanos violadores subhumanos, todo el proceso de venezolización de Estados Unidos ha sido culpa de su enfermiza relación con México.

La inmigración, el muro, y el TLCAN. Todo ha servido para justificar el festín de autodestrucción que vive aquel país. La semana pasada, México clausuró el gobierno americano. Ante la épica incapacidad de nuestro país de controlar su territorio de manera convincente, además de nuestra histórica ineptitud de comunicar el crisol de acciones que hacemos para salvaguardar a los americanos, los ultras exigen más muros fronterizos.

Están dispuestos a autoinmolarse para lograrlo porque no se trata de un sistema de protección, sino de una manifestación de una odiosa identidad para la cual esta enorme minoría estaría dispuesta a sacrificar todo. Este thanatos, el espíritu nihilista que fetichiza el suicidio, es como una enfermedad autoninmune.

Los anticuerpos sociales que han generado los mexicanos en la sociedad americana son como una especie de lupus: el cuerpo político americano se ataca a sí mismo hasta el punto en donde el organismo (el gobierno americano), deja de funcionar correctamente. Hace aproximadamente 10 años solía maravillarme de que la sociedad de EU era tan robusta en su asimilación y dinamismo, que había absorbido exitosamente la inmigración más grande de la historia.

De los 90 hasta 2010, México envió más gente a EU en menos tiempo de lo que se había visto en la historia y, salvo unos sobresaltos, parecía que el intercambio había sido exitoso. Lamentablemente, los que creíamos en la madurez de aquella sociedad nos equivocamos trágicamente. Sin embargo, la solución existe y está a la mano.

 

México tiene que desplegar un control efectivo sobre su territorio, cosa que a pesar de las deficiencias, el plan del actual gobierno pudiera comenzar a hacer. Necesitamos aceptar la designación de tercer país seguro para reducir los incentivos de la migración centroamericana.

También tenemos que emprender un enorme esfuerzo de comunicación en todos los rincones de los Estados Unidos para difundir la realidad de que México es, y ha sido, un efectivo guardián de la seguridad nacional de EU. Plasmar, con hechos, las aportaciones de los mexicanos en sus comunidades americanas. Hacer patente a todos y cada uno de los 14 millones de estadounidenses que tienen trabajo gracias al TLCAN por qué lo tienen y qué está en riesgo.

Ahí debemos de hablar al unísono con los canadienses, quienes tampoco han estado a la altura en este vergonzoso capítulo de la historia de nuestra América del Norte. Los planes existen.

Están en los cajones de nuestros think tanks y en los cerebros de nuestros académicos y expertos. Los recursos están en las arcas de nuestras empresas transnacionales. La cooperación y los hechos lo ejecutan nuestras burocracias. Para salvar a EU de sí mismo, se necesita de voluntad política mexicana.

 

*Presidente de la Fundación Imagen de México y conductor de ADN40 News

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