México aislado del mundo

El gobierno de México decidió no acudir al G20, uno de los foros más importantes y del que nuestro país forma parte. Que no sorprenda que el Presidente de nuestro país no tenga lazos de hermandad construidos con sus pares en el mundo

Guillermo Lerdo de Tejeda Servitje / Diputado del Congreso de la Ciudad de México / Opinión Editorial
Guillermo Lerdo de Tejeda Servitje / Diputado del Congreso de la Ciudad de México / Opinión Editorial

El asesinato de mexicanos en el ataque de El Paso, perpetrado por un criminal racista, debió haber generado un escándalo global. Este hecho debió haber marcado un antes y un después para México en el mundo: debió ser el detonante de un amplio movimiento de la comunidad internacional contra el antimexicanismo creciente. No fue así. Hubo algunas condolencias y condenas, pero la cruda realidad es que más allá de las notas de algunos medios internacionales, el tema se olvidó rápido.

¿Cómo es posible que el asesinato de mexicanos en un acto terrorista haya pasado inadvertido? Somos la 15ª economía más grande del mundo, el 11º país más poblado. Además, nuestro activismo diplomático en favor de la paz, de los migrantes o contra la proliferación nuclear, entre otros temas, había hecho de México un país influyente y respetado en la esfera internacional.

¿Por qué, pues, no trascendieron estos hechos? México ha decidido olvidarse del mundo, y por eso no debe sorprendernos si el mundo empieza a olvidarse de México. Esa ha sido la tónica de esta administración: aislarse.

El gobierno de México decidió darle la espalda al pueblo venezolano en su hora más oscura, frente a una de las crisis humanitarias más graves de tiempos modernos. Que no sorprenda que hoy los defensores de la libertad y la tolerancia nos den la espalda a nosotros.

El gobierno de México decidió cambiar nuestros principios para seguir las órdenes de un gobierno extranjero. A los migrantes centroamericanos, que escapan de la violencia y la persecución, los recibió con rifles. Que no sorprenda que hoy nadie nos considere voz autorizada para defender a los migrantes.

El gobierno de México decidió no acudir al G20, uno de los foros más importantes y del que nuestro país forma parte. Que no sorprenda que el Presidente de nuestro país no tenga lazos de hermandad construidos con sus pares en el mundo. En casi un año de gestión, el acto diplomático más relevante –más no positivo- de este gobierno ha sido el reclamo a España, por un hecho que ocurrió hace medio milenio.

Durante dos siglos habíamos tendido puentes políticos, culturales y económicos con prácticamente todos los países en cada continente; asimismo, habíamos ganado peso diplomático en las instituciones multilaterales. Pero durante el último año, el gobierno de México ha mandado a nuestros aliados la señal de que no los necesitamos; peor aún, los rechazamos cuando pidieron nuestro apoyo. No pedían mucho, por cierto, sólo nuestra voz para denunciar la injusticia. Ahora la injusticia la sufrimos nosotros.

El racismo antilatino y antimexicano, como aprendimos con dureza, puede llegar al extremo del terrorismo. Es un fenómeno que no podemos combatir en soledad. Necesitamos aliados, y para eso necesitamos diplomacia. Si queremos tener legitimidad para que otros pueblos se unan a nuestra causa, este gobierno necesita recalibrar su brújula moral y diplomática, para saberse sumar a las causas justas de otros pueblos y para hacerse presente en el mundo. Es un asunto de principios. Es también un asunto de estrategia. Hagámoslo por nuestros paisanos y por nuestra seguridad.

GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE 

DIPUTADO EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO 

@GUILLERMOLERDO

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