Mentiras políticas

Trump no es el único que utiliza distorsiones grotescas para generar animadversión colectiva. Por eso sorprenden las recientes expresiones de López Obrador


Las mentiras son parte inherente del juego de la política. Para Hannah Arendt, el apego a la verdad no es precisamente una virtud política y, al contrario, las mentiras resultan armas aceptables para quienes buscan el poder. Pero las mentiras adquieren otro matiz cuando se distorsiona la realidad para satanizar a terceros.

A lo largo de su campaña, Donald Trump acusó a los migrantes mexicanos de “criminales y violadores”. Al día de hoy sigue recitando en eventos públicos una canción titulada “La serpiente”, equiparando a los migrantes con el reptil que muerde a quien lo cuida, porque está en su naturaleza criminal.

Y Trump no es el único que utiliza distorsiones grotescas para generar animadversión colectiva. Por eso sorprenden las recientes expresiones del aspirante puntero a la presidencia en nuestro país, Andrés Manuel López Obrador.

Primero, sobre el tema Venezuela. AMLO omite cualquier alusión a la represión oficial que ha cobrado 44 vidas y, en cambio, pide al pueblo “no caer en la trampa de la violencia”. Contra toda evidencia, la sociedad venezolana se convierte en “provocadora” y el gobierno de Maduro en víctima.

Pero , más serio aún, sobre la violencia desbordada en Puebla en los enfrentamientos entre “huachicoleros” y militares por el robo de combustible.

En un video difundido en su red social, López Obrador no escatima epítetos. Acusa a los presidentes Calderón y Peña Nieto de ordenar al ejército “aniquilar” al pueblo, y “exterminar campesinos”. En la realidad alternativa de AMLO no hay crimen organizado que combatir, ni muertes de soldados que lamentar.

En el discurso de López Obrador, el ejército mexicano “masacra al pueblo inocente” que coloca a mujeres y niños como escudos humanos.

Sería hasta cómico, si no fuera trágico. Cerrar los ojos ante los crímenes de la dictadura chavista, pero calificar de asesinas a las fuerzas armadas mexicanas que llevan 10 años enfrascados en una desigual lucha contra el crimen organizado que mata, secuestra, desaparece, roba, extorsiona y, también, infiltra y corrompe. El mundo al revés.

La gravedad de la crisis de inseguridad y violencia que no cede en nuestro país requiere de absoluta seriedad. Pero, sobre todo, de claridad en la denuncia de hechos ilícitos y de sus responsables, sean quienes sean.

Se puede discrepar y, desde luego, plantear cambios la estrategia, pero resulta inadmisible que las fobias personales de quien aspira a gobernar acaben por cobijar delincuentes, beneficiarios de un negocio que deja 1,800 millones de pesos al mes, frente a soldados mal pertrechados y pagados que exponen su vida diariamente.

En el mejor de los casos indigna la irresponsable simplificación; en el peor, alarma la deliberada ceguera ante el desafío que amenaza al estado mexicano. Mentir en política pasa. Pero usar las mentiras como vehículo del odio es perverso.

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