Medias verdades y mentiras completas de Palacios y Dresser

La presidenta de la Cofece se extralimitó. Su falta de ética inclina la balanza y exhibe filias y fobias personales

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Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México

El lunes, Denise Dresser escribió un texto sesgado e impreciso. Expuso su animadversión hacia Banco Azteca y el presidente López Obrador. Aunque errático, su artículo cae en el marco de la libre expresión, siempre defendible. Pero vale la pena apuntar sus desatinos porque, contrario a lo que pudiera pensar, no por repetirlos, se volverán realidad.

Apuntó que el presidente de Grupo Salinas, Ricardo Salinas Pliego, intenta darle un puñetazo a Jana Palacios, comisionada presidenta de la Comisión Federal de Competencia Económica, quien osó sugerir que la adjudicación directa de las tarjetas del Bienestar a Banco Azteca corría en contra de las mejores prácticas.

Para expeler sus antipatías, utilizó frases como peleador callejero y capo de la Cuarta Transformación. Sobre la descalificación personal es inútil ahondar. Su nivel quita fuerza a las palabras. El insulto suele retratar a quien lo profiere. Lo que sí vale la pena apuntar es la cascada de pifias en que incurre. Una autoridad no puede osar sugerir. No es su papel. Sus atribuciones están acotadas por la ley. Desde su posición, no deberían difundirse sospechas, menos a través de artículos de opinión. La ligereza no está en sus facultades. Si tiene argumentos o pruebas técnicas, podría manifestarlos en la esfera de sus responsabilidades, para eso tiene un poderoso cargo.

Palacios y Dresser, en equipo, centran su señalamiento a Banco Azteca en una asignación directa. El asunto es que en servicios financieros no hay licitaciones ni asignaciones directas. Hablan de un término inaplicable. Un sinsentido. ¿Ignorancia? ¿Mala leche? ¿Uso tramposo? ¿O todas las anteriores? Dresser cree que Palacios hizo bien al advertir riesgos porque, asegura, ése es su trabajo como cabeza de una entidad regulatoria que busca desconcentrar mercados, sancionar prácticas anticompetitivas, fomentar el crecimiento por vía de la competencia. Otro yerro.

Justamente Banco Azteca creció por la vía de la competencia. De hecho, según la propia Cofece, avanzó en un mercado donde cinco instituciones concentran 72% de los activos del sistema, controlando 74% de los créditos y 77% de la captación de recursos públicos. Hoy es el banco con mayor cobertura en municipios -40% más que el banco que le sigue-, y en 170 -de alto y muy alto rezago social- es el único.

Darle posibilidad de participar en la dispersión de apoyos, como ocurre con otros bancos, beneficia a quienes reciben un programa social, pues se amplía la cobertura.

Dresser asegura que Jana Palacios -desde el papel institucional que le corresponde- encendió focos rojos que López Obrador y los suyos deberían mirar en lugar de ignorar. Falso. Palacios se extralimitó y abandonó su rol de funcionaria pública. La autoridad debe investigar concentraciones, no atacar jugadores.

El periodismo y la opinión son una cosa; la regulación es otra. Palacios no es opinadora. Puede serlo, si quiere, pero para ello tendría que dejar el cargo de autoridad que ostenta, aunque en los hechos lo desatienda. Su falta de ética e incontinencia, inclinan la balanza, exhiben filias y fobias personales e incluso ponen en riesgo futuras resoluciones, que bien podrían impugnarse.

¿O será que su objetivo, al que se ha sumado entusiasta Dresser, es golpear al gobierno de AMLO utilizando a Banco Azteca de pretexto?

-Off the record: La concentración de mercado en otros bancos es algo que Palacios no ha querido investigar. ¿Es por la relación amistosa que mantiene con otro jugador, Bancomer? ¿Actúa bajo consigna? ¿Con quién están sus lealtades? ¿Con la libre competencia o con un

jugador al que busca favorecer?

 

 

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@mlopezsanmartin

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