Matar a un líder sindical en México

Las organizaciones delictivas que operan en Guanajuato lanzan acusaciones para imputar el asesinato a su contraparte

Carlos Zúñiga / Acceso libre / El Heraldo de México
Carlos Zúñiga / Acceso libre / El Heraldo de México

Matar en México ya no es una noticia de alto impacto. Al menos no para una buena parte de la opinión pública que en los tiempos de la 4T se distrae con cualquier tema. Lo que hasta hace poco nos matendría hablando horas, como el crimen de un líder sindical, ahora pasa casi desapercibido.

Hace una semana, en Guanajuato, fue asesinado Gilberto Muñoz Mosqueda, un líder sindical. Pero no uno cualquiera.

Hasta el día de su muerte dirigía el Sindicato de Trabajadores de la Industria Química, Petroquímica, Carboquímica, Similares y Conexos de la República Mexicana que agrupa a más de 15 mil agremiados. Era además secretario general sustituto de la CTM. Fue diputado local y federal por Guanajuato, senador y alcalde de Salamanca.

Justo circulaba al sur de ese municipio la tarde del pasado sábado 11 de mayo cuando lo rafaguearon. Él mismo manejaba su camioneta de reciente modelo, sin ningún tipo de blindaje. Lo llevaron a la Cruz Roja, pero al llegar, el dirigente de 83 años de edad ya había muerto.

En la mañana del domingo alguien colgó una manta en un puente de la zona en la que el Cártel Jalisco Nueva Generación se adjudicaba el crimen. La mayoría de los medios registraron ese hecho, mas no un posterior deslinde que esta organización criminal hizo a través de redes sociales y donde acusaba a gente grumosa del Marro (José Antonio Yépez, líder del Cártel de Santa Rosa de Lima) como responsables del asesinato.

La Fiscalía de Guanajuato ha sido muy sigilosa al tratar el tema. Pero fuentes consultadas señalan que una de las líneas de investigación es justamente esta guerra de culpas entre los cárteles.

Sin embargo, en el entorno cercano a Gilberto Muñoz no hay registro de ninguna amenaza por parte de ningún grupo delincuencial. La familia, que ha sido muy discreta, no comenta algún hecho que atemorizara al hoy difunto y resaltan que siempre se condujo solo, sin chofer ni escoltas.

Por eso los ojos vuelven al entorno sindical. Más cuando en una entrevista radiofónica con Ciro Gómez Leyva, el líder de la Confederación de Trabajadores de México, Carlos Aceves del Olmo, declaró que ojalá el intento de Napoleón Gómez Urrutia de reducir a la CTM no haya tenido nada que ver con el asesinato. El polémico senador rechazó la imputación y reviró diciendo que la central debería voltear los ojos hacia la propia organización.

Gracias al crecimento que la industria petroquímica presentó en los sexenios anteriores, el sindicato que dirigía Muñoz aumentó en número de agremiados. Los contratos colectivos se hicieron más abultados al mismo tiempo que el número de cuotas.

A pesar de la relevancia de este asesinato, el gobierno federal no ofreció condolencias, mucho menos cooperación para investigar y dar con los responsables del crimen, aunque ocurrió en una de las zonas donde se han desarrollado más operativos en esta administración.

Hoy matar a un líder sindical es un hecho intrascendente, quizá como matar a cualquier mexicano. Lamentable.

Por CARLOS ZÚÑIGA PÉREZ

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