Más vale maña

Para México, más allá de la ratificación del T-MEC, lo urgente era evitar una fuente de incertidumbre

Javier García Bejos / Colaborador / Columna Editorial

El martes se inscribió un capítulo más en la negociación comercial con Estados Unidos y Canadá. Éste se escribió en medio de una inusitada presión del Partido Demócrata en el Congreso estadounidense, cuya agenda política, particularmente en lo que concierne a los alegatos para enjuiciar al presidente Donald Trump, ha dejado como rehén, entre otras cosas, a la ratificación del ahora llamado T-MEC.

Para México y la administración del presidente López Obrador, más allá de la ratificación del T-MEC, lo urgente era evitar una fuente de incertidumbre en la economía, teniendo en cuenta la presión previsible en la relación bilateral en tiempo de elecciones en Estados Unidos.

Bajo esta coyuntura, terminar la negociación es un importante doble símbolo: por un lado, la agenda del país tiene prioridades compartidas manifestadas entre el gobierno y el sector privado, y por otra parte, el gobierno, a través del canciller Marcelo Ebrard y el negociador Jesús Seade, encontró la manera de transitar en el ánimo de la administración Trump.

Entre estires y aflojes, como el convertir a los cárteles mexicanos en terroristas, o el episodio sobre Genaro García Luna, al final se envía una poderosa señal de entendimiento entre los gobiernos.

Las modificaciones, de las que poco a poco se está teniendo conocimiento, eran la llave del candado para poder buscar la discusión y aprobación del instrumento en el congreso de ese país.

Lo que se haya concedido, seguramente estará en línea con las discusiones previas que conocieron los equipos negociadores, por lo que es mejor haber alcanzado un pronto acuerdo, que mantener la incertidumbre, lo cual se hubiera reflejado el próximo año en la economía, como se manifestó en este que termina.

Es claro que el Congreso de Canadá está listo para la ratificación del T-MEC, mientras que en México, el Senado tendrá que aprobar, con mayoría simple, las modificaciones realizadas. Así, a pesar de recientes comentarios en la Cámara alta, las condiciones pudieran estar sentadas para que nuestra economía tenga un elemento que abone en la confianza y certidumbre en los años por venir.

Tener un T-MEC ratificado en el corto plazo es un escenario absolutamente más deseable que seguir en la incertidumbre de no tenerlo. La capacidad del gobierno fue puesta a prueba, y con una dosis de maña, más que de fuerza, la administración del presidente López Obrador mandó una señal fundamental: nuestros lazos con Estados Unidos están abiertos y en buena forma, y nuestra capacidad de negociación persiste a pesar de la amplitud de la agenda bilateral.

Además, el gobierno dejó muy claro que no ha dejado de hacer la tarea, una en la que el único escenario posible era la fotografía del martes: México reafirma un interés económico y comercial, pero también, como lo dijo el Presidente, político.

Sin duda, éste podría ser un primer paso en una ambiciosa y correcta dirección.

POR JAVIER GARCÍA BEJOS
COLABORADOR
@JGARCIABEJOS



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