Más que matemáticas

Si se diera el Frente Amplio Opositor, la suma de lo que dicen las encuestas sobre preferencias de voto no generaría un resultado electoral sumatorio perfecto


3 de marzo de 1999, en El País (México): El alcalde de la Ciudad de México, Cuauhtémoc Cárdenas, una de las principales referencias de la izquierda, ha propuesto una coalición de todos los partidos opositores, y elecciones primarias entre ellos, para presentar un candidato único capaz de derrotar al oficial Partido Revolucionario Institucional (PRI) en las presidenciales del 2000. La propuesta, cuya ejecución plantea serias dificultades, ha sido fríamente acogida por el conservador Partido de Acción Nacional (PAN), y su probable aspirante a la jefatura de Gobierno, Vicente Fox, la tachó de carente de reflexión.

En aquel artículo escrito por Juan Jesús Aznarez, se plantea gran parte de la problemática que también hoy caracteriza al llamado Frente Amplio Opositor. Otros personajes sentados a la mesa, que muy a nuestro pesar no han sido precisamente claros y coherentes en su actuar.

En esa elección, Acción Nacional tenía un solo aspirante posicionado, Vicente Fox. El PRD tenía dos personajes en la lucha por la candidatura, el propio Cárdenas y Muñoz Ledo, además del postrado candidato López Obrador, entonces presidente nacional del PRD.

La posibilidad de estas alianzas es un juego de probabilidades, y el resultado esperado no implica una suma de preferencias electorales entre los participantes. Las matemáticas son una ciencia exacta, salvo las matemáticas electorales; la política no está al margen del juego matemático, sin embargo no genera resultados exactos.

Esto viene a cuento porque si se diera el Frente, la suma de lo que hoy dicen las encuestas sobre preferencias de voto hacia el PAN y el PRD, no generaría un resultado electoral sumatorio perfecto.

Las personas con votos potenciales no deben interpretarse como números. Quien dice que va con uno u otro candidato puede cambiar de opinión súbitamente, porque en la suma de ideas e ideologías no hay cabida para las matemáticas. Los del PAN no van a votar por el PRD ni los del PRD por los del PAN; eso parece claro, y es donde las matemáticas fallan en sumas directas.

Si pasa por alguna suma la idea del Frente Amplio Opositor, es por la suma de buenas voluntades y de mejores deseos exponenciada por la identificación de un pensamiento común de un grupo diverso.

Este Frente está encontrando diversos obstáculos y retos para su conformación. Uno de ellos parece ser que los Azules no están en disposición de ceder la candidatura, y que todo este son del Frente pasa por la ambición personal de Ricardo Anaya para asegurar algo más que la propia candidatura del PAN.

La elección del 2018 está pendiendo de los hilos de las definiciones al interior de los institutos políticos, y hoy, al menos en Acción Nacional, están lejos de encontrar la manera de darle solución al entramado.

¿Qué argumento encontrará Ricardo Anaya para hacerse de la candidatura, cuando Margarita Zavala es hoy por hoy quien cuenta con las preferencias electorales del partido?

¿Qué planeará hacer Rafael Moreno Valle, cuando con todo y sus gastos excesivos no hay dinero que le alcance para posicionarse como líder de Acción Nacional?

En el PAN más allá de lo que diga la militancia, los estatutos, o de lo que puedan decir o reclamar los aspirantes y lo que reflejen las encuestas, solo se vislumbre un voto que lo definirá todo, el candidato o candidata a la Presidencia, las 9 gubernaturas, las más de 2000 alcaldías y curules locales y federales, y el Senado de la República, el voto de Ricardo Anaya.

Preocupa que quien es el actual Presidente del PAN sea a la par el único negociador en el Frente Amplio, sea aspirante a la candidatura a la Presidencia, al Senado o a lo que sea, y no esté dispuesto a definir con claridad, mas allá de los estatutos o de sus intereses, las formas en que se va a competir.

Regresando a lo que se escribió en el 2000, ¿elguien va a ceder? ¿alguien renunciará a estar en la boleta? ¿qué narrará la historia?

Diacrítico:  La elección del 2018 no es un juego de matemáticas. Urgen reglas eficientes con la exactitud de las matemáticas, como en todo juego justo e imparcial.

 

Columna anterior: Peligro, falsa honestidad

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