Más allá del virus: estadística y probabilidad

Con los sistemas de salud colapsados, el siguiente recurso será activar a las fuerzas armadas en tareas de coordinación, primeros auxilios y tratamiento médico.

Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México

La semana pasada el coronavirus embistió de lleno al mundo, 157 países reportan casos, incluyendo el hemisferio occidental… y es sólo el principio. El virus se propagó por la mayor parte de América Latina y las respuestas en la región han sido variadas, desde ignorar al virus esperando que nada suceda, hasta tomar medidas drásticas como El Salvador que decidió cerrar sus fronteras. Una medida probablemente más realista fue la del resto de las naciones de Centroamérica, que suscribieron un acuerdo de cooperación y coordinación. 

En algunos países de Sudamérica se han activado a las fuerzas armadas para articular la respuesta del gobierno: en Paraguay, las fuerzas armadas salieron a las calles para participar en una campaña de concientización, informando a la población del riesgo y de medidas para detener o por lo menos frenar el contagio; en Perú las FFAA establecieron puestos de comando y control en las fronteras, puertos y aeropuertos para concentrar el flujo de información y coordinar las acciones del gobierno.  

En buena parte de Estados Unidos y Canadá se suspendió la gran mayoría de las actividades del día a día –reuniones masivas, clases escolares en todos los niveles educativos, al mismo tiempo que últiples cadenas de tiendas, bares y restaurantes cerraron sus puertas para intentar contener la acelerada velocidad de la propagación del virus (COVID-19). 

Confieso que a pesar de haberle dedicado mi última columna, Virus, fronteras y Seguridad Nacional,  soy uno de esos escépticos que inicialmente abordaron el tema con desconfianza, principalmente sobre el nivel de alarma que generaba una enfermedad respiratoria similar a la influenza. En más de una ocasión me encontré pensando ¿tanto escándalo por una gripa?, Qué equivocado estaba. 

En retrospectiva reflexiono que debido a que la única opción para detener la propagación de este virus es el distanciamiento social –lo que significa una disrupción significativa de nuestro estilo de vida, de nuestros usos y costumbres, e incluso de nuestra educación– es normal que el primer instinto sea negarlo, minimizarlo o ridiculizarlo, pues es un instinto de conservación.

Sin embargo, hay que absorberlo rápidamente, entenderlo, aceptarlo y seguir todos los lineamientos posibles para contenerlo. Alrededor del mundo, es risible como los distintos partidos políticos ridiculizan a su oposición –gobierne o no– de exagerar las medidas o propuestas de medidas para su contención. Afortunadamente ya hay suficientes datos para remitirnos a un análisis estadístico más serio:    

Es una pandemia, por lo que es muy seguro que el coronavirus vaya a infectar a la mayor parte de la población mundial durante los siguientes 12 a 18 meses. 

CUIDADO. Un médico polaco tomó la temperatura de los ciudadanos que regresan a casa. FOTO: AFP

¿Entonces de qué nos preocupamos? En 80 por ciento de los casos, los diagnosticados con el COVID-19 se curarán en casa, los síntomas irán de ligeros –casi imperceptibles– a medios. El otro 12 a 15 por ciento requerirá de algún tipo de hospitalización y de 5 a 8 por ciento requerirán de cuidados intensivos. 

En tanto, 20 por ciento de 7.7 mil millones de personas –la población estimada global– son 1,554 millones de enfermos y en el mejor de los casos críticos, 5 por ciento son 388 millones de enfermos que requieren cuidados intensivos. 

De acuerdo con la serie de datos más confiable disponible –recolectada por la organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial entre 2011 y 2015– hay entre 21 y 24 millones de camas en hospitales en el mundo. Por supuesto con una distribución geográfica desbalanceada, por ejemplo, en Japón hay 134 camas por cada 10 mil habitantes mientras que en México hay 16; Estados Unidos tiene 30 y Guatemala seis.

Igualmente, a nivel mundial hay entre 41 y 50 millones de trabajadores de la salud –de todo tipo, doctores, enfermeros, anestesiólogos, parteros, etc.– que desde luego son un grupo altamente vulnerable para sufrir contagio, por lo que tendremos que descontar un porcentaje para tener una mejor idea del personal disponible. Simplemente no hay la infraestructura mundial para atender una pandemia de esta proporción. 

Con los sistemas de salud colapsados, el siguiente recurso será activar a las fuerzas armadas en tareas de coordinación, primeros auxilios, tratamiento médico y aislamiento de la población infectada. De acuerdo con datos de la consultora en del sector defensa Jane’s, hay 18 millones de militares en activo en el mundo más otros 19 millones en reserva, más unos 8 millones de paramilitares. Movilizándolos a todos a nivel mundial, incluso sin descontar contagios, la capacidad de respuesta es pálida.  

Por favor, tómenlo en serio, tomen decisiones conscientes y procuren no salir de casa; aíslense, no viajen, no saluden de mano o beso y ayuden a detener la velocidad con que se esparce esta amenaza mundial

POR ÍÑIGO GUEVARA MOYANO
*CONSULTOR DE LA COMPAÑÍA JANE’S EN WASHINGTON, DC.
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