Marx y la pigmentocracia

“Los candidatos de la mafia del poder no conocen el país, no les da el sol, están blancos, puxhos y se la pasan todo el tiempo en la Ciudad de México”

Articulista invitado / Alejandro Echegaray / El Heraldo de México
Articulista invitado / Alejandro Echegaray / El Heraldo de México

Al buscar en Google la palabra pigmentocracia aparecen numerosos titulares, lo mismo de la prensa fifí que la revolucionaria: Pigmentocracia en México: el racismo específico de nuestro país (plumasatomicas.com); La pigmentocracia sí existe (…) la gente blanca es privilegiada (nación321.com); ‘Pigmentocracia’, así se manifiesta el racismo en México (notimerica.com); México: la pigmentocracia perfecta (horizontal.mx); ¿Apartheid a la Mexicana? (fernandatapia.com).

En la Encuesta Nacional de los Hogares (ENH) 2017 (que afortunadamente no está entre los 10 estudios que el INEGI tuvo que cancelar por falta de recursos en el impasse lopezobradorista) muestra que los mexicanos con color de piel oscura tienen menores niveles de ingreso y educación. Estos resultados han conducido a académicos, intelectuales y periodistas a concluir que el tono de piel explica el nivel de desarrollo, aun cuando en los cursos de estadística y econometría se repite ad nauseam que la correlación no significa causalidad.

Los resultados de la ENH, evaluados a la ligera y de manera somera, pueden llevar a conclusiones equivocadas, que ignoren el efecto de otros factores socioeconómicos. Es posible que las diferencias sean mejor explicadas por la dicotomía rural/urbano, ubicación geográfica, pertenencia étnica o cualquier otra infinidad de variables.

Pero lo verdaderamente grave es que el lopezobradorismo utilice el racismo latente en México para dividir. En el transcurso de la semana leí tuits que me recordaron más al Apartheid en Sudáfrica o al Jim Crow en Estados Unidos. La estrategia de dividir a lo largo del clivaje racial, con la intención de generar un enemigo que sirva de amalgama discursiva y herramienta de cohesión política, es un riesgo altísimo que puede agregar violencia étnica a la ya trágica crisis de seguridad.

Por eso, valdría la pena acudir a la cornucopia colosal de estudios generados por este debate. Marx (el bueno: Anthony, no Karl) en Making Race and Nation (donde hace un estudio comparado entre EU, Sudáfrica y Brasil) relaciona la construcción nacional con la edificación estatal. Podríamos resumir su argumento en un tuit: los estados crean la raza (States made Race). La relevancia del argumento radica en que rechaza la idea de la etnicidad como una división natural y biológica; propone –acertadamente- que es una construcción social.

Por ejemplo, en el priísmo postrevolucionario los indígenas fueron considerados campesinos, y regresaron a ser indígenas hasta el levantamiento zapatista de 1994. Marx evidencia que en Estados Unidos y en Sudáfrica hay una dominación racial institucionalizada. Este fenómeno no se da en Brasil. ¡Y en México tampoco!

Si no frenamos la intención de sembrar odio racial, si estiramos la liga demasiado, podríamos llegar a un punto sin retorno.

Seamos responsables y alejémonos de la política identitaria. Los clivajes o divisiones que genera solo crean obstáculos para la empatía y la comunicación. Brexit, Trump y su Make America Great Again, así como el radicalismo islámico, surgen —todos— del agravio, el desdoro y la estigmatización.

Los candidatos de la mafia del poder no conocen el país, no les da el sol, están blancos, puxhos y se la pasan todo el tiempo en la Ciudad de México.

Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México

POR ALEJANDRO ECHEGARAY

POLITÓLOGO

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