Mariana Gómez del Campo: 11 de septiembre del 2017: Dreamers, ¿sueño frustrado?

No podemos cruzarnos de brazos ante un país que ha mostrado su cara más terrible, la de la xenofobia


La Presidencia de Donald Trump pasará a la historia como una penosa página de la democracia moderna más añeja. Sus simpatizantes tendrán que echar mano de los hechos alternativos o de la posverdad para, al menos, justificar una administración xenófoba e intolerante. Una administración que rompió con uno de los pilares ideológicos estadounidenses como lo es el multiculturalismo. La maquinaria institucional estadounidense ha contenido las intenciones de Trump de poner al mundo de cabeza.

En este escenario, Trump ha arremetido contra un sector específico de los 40 millones de migrantes: los llamados dreamers, que son niños y jóvenes que llegaron a Estados Unidos de forma indocumentada pero que han hecho de esa nación su país, hablan su idioma, se identifican con su cultura y que, en la gran mayoría de los casos, no conocen su país de origen o no pueden recordarlo.

La apuesta de Trump ha sido desarticular la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), que representa una especie de amparo contra la deportación para los dreamers, el cual, durante el gobierno de Barack Obama, benefició a unos 800 mil jóvenes indocumentados. DACA les otorga muchos beneficios que por su situación migratoria no podrían conseguir como permiso de trabajo temporal, número de seguridad social, identificación estatal, licencia de conducir, seguro médico y acceso a la educación. Además, sus datos personales estaban resguardados bajo la promesa de no utilizarlos con fines persecutorios o de deportación. Hoy, con Trump en la Casa Blanca, miles de jóvenes temen ser identificados y enviados a un país que no conocen.

La decisión de Trump de terminar con DACA está acompañada de un llamado al Congreso, que pese a la mayoría republicana no respalda al presidente estadounidense, de regular el estatus migratorio del casi millón de dreamers que hay, de los cuales 91% de ellos tienen un tra- bajo, 6% ha emprendido negocios, y 55% ha adquirido un vehículo.

Es importante señalar que ocho de cada 10 beneficiarios del programa DACA son mexicanos.

En el Senado nos preocupa que inicie una cacería de brujas contra los dreamers. No podemos cruzarnos de brazos ante un país que ha mostrado su cara más terrible, la de la xenofobia. Por ello insistimos en fortalecer nuestra relación con el Congreso estadounidense para que juntos trabajemos una legislación que no sólo los proteja de ser deportados, sino que les dé certeza jurídica.

Debemos utilizar toda la capacidad diplomática para encontrar soluciones realistas. Los dreamers no son parte de los bad hombres que pregona Trump, pues para tener acceso a DACA es indispensable no contar con antecedentes penales.

Son jóvenes que simplemente tienen un sueño que no debe ser frustrado.

*Senadora de la República

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