Margarita Martínez Fisher: El dedazo por encuesta, síndrome de la posverdad al estilo mexicano

Más allá de la discusión metodológica, debe preocuparnos que un partido utilice una técnica de investigación manipulada y poco transparente para elegir una candidatura


Hace unas semanas nos enteramos de la encuesta realizada por el Partido MORENA para elegir a quien será su candidata por el Gobierno de la Ciudad de México el próximo año.

Más allá de cuestionar la manera en la que se viola abiertamente la ley electoral realizando una precampaña adelantada con un procedimiento a todas luces desaseado y engañoso, me preocupa lo que significa para el futuro de nuestro país.

 

Los partidos políticos en México utilizan encuestas para verificar la popularidad de sus aspirantes y deciden en función de quién puede ser competitivo en diversos escenarios electorales. Es una práctica eficaz si se realiza con el acuerdo de los actores involucrados y con un pulcro diseño metodológico. En muchos casos el Partido Acción Nacional ha elegido con ese método a candidatos que han logrado triunfos fundamentales. La diferencia que encuentro con el proceso de MORENA en la Ciudad no solo es de forma si no de fondo.

 

Los aspirantes a un cargo de elección en el PAN conocen a las encuestadoras contratadas –se contrata a varias empresas- y la metodología que se aplica, se realizan además grupos focales y entrevistas para conocer el ánimo electoral de la población. Es una apuesta segura en términos metodológicos pues triangula técnicas de investigación social, evita engaños y manipulaciones que al final pongan en riesgo el resultado proceso con el desencanto de alguno de los actores.

 

Más allá de la discusión metodológica, debe preocuparnos que un partido político utilice una técnica de investigación manipulada y poco transparente para elegir una candidatura, apostando a que el resultado sea creíble y no verdadero en términos científicos.

 

La posverdad no es otra cosa que un signo de la posmodernidad, de la desconfianza en la razón como instrumento para interpretar la realidad y descubrir la verdad. La entendemos como un contexto cultural e histórico en el que la contrastación empírica y la búsqueda de la objetividad son menos relevantes que la creencia en sí misma y las emociones que genera frente a la opinión pública. Es la mentira emotiva. Una encuesta- como la aplicada por MORENA- es un reflejo de esta situación cultural, no importa la verdad, importa la realidad que se pretende construir frente a la opinión pública y las emociones que genera. Es decir, se afirma una verdad sin demostrar científicamente cómo refleja la realidad.

 

Si las encuestas sustituyen un proceso democrático abierto o con la participación de los militantes en un partido, se debe cuidar que sean mecanismos abiertos y confiables desde la perspectiva metodológica. Los resultados de esta encuesta están a la vista, por lo menos uno de los interesados en el proceso no la reconoce y otros instrumentos aplicados la contradicen.

 

¿Es así como pretende gobernar López Obrador? ¿Con datos poco fiables e instrumentos de investigación amañados? ¿Se imaginan al INEGI, al CONEVAL o al INEE en manos de un personaje que toma decisiones así? Alerta roja, la democracia como mecanismo deliberativo de cara a la ciudadanía y la construcción de políticas públicas fundadas en datos reales son indispensables para el desarrollo de nuestro país. Exijamos a los partidos que demuestren que sus afirmaciones corresponden a la realidad.

 

*Diputada del PAN en la ALDF

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