Margarita Luna Ramos, ministra de época en la Corte

Fue la primera mujer consejera de la Judicatura Federal en 2003, para convertirse en 2004 en ministra

Enrique_Rodríguez
Enrique Rodríguez / Libertad bajo palabra / Heraldo de México

Para quienes inician una carrera recorriendo el escalafón desde el cargo más humilde hasta el de mayor jerarquía dentro del Poder Judicial de la Federación, una aspiración legítima y prácticamente inalcanzable, más no imposible, es convertirse en ministro o ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Si a esto le agregamos que hace 40 años, en nuestro país se generaban pocas oportunidades profesionales para las mujeres dentro de un medio abrumadoramente masculino e incluso machista, el reto aspiracional se antojaba extremadamente complicado.

El lunes 18 de febrero concluirá una carrera judicial que tiene atributos para erigirse como ejemplo de superación admirable, así puede calificarse una de las trayectorias más destacadas en el medio jurídico nacional. Margarita Beatriz Luna Ramos, dejará de usar la toga tras casi 44 años de servicio, en los que deja huella y establece época.

Orgullosa de su origen chiapaneco, inició como mecanógrafa para ascender todos los escalones de la pirámide de ese Poder. Oficial judicial, actuaria, secretaria de juzgado de distrito, secretaria de tribunal colegiado, secretaria de estudio y cuenta en la Corte, jueza de distrito y magistrada de circuito. Fue la primera mujer consejera de la Judicatura Federal en 2003 para convertirse en 2004 ministra de la Suprema Corte y cumplir un periodo de 15años que concluye en cuatro días. La ministra Luna tuvo tres figuras fundamentales en su formación judicial; Juan Díaz Romero, Carlos de Silva Nava y Guillermo Ortiz Mayagoitia, quien la define en pocas palabras: Muy agradable, fácil de palabra, maestra natural, estudiosa y eficiente; siempre dispuesta a ayudar a quien lo requiere, comprometida con los programas de género y una revelación como entrevistadora. Dejará un hueco en la Suprema Corte, difícil de colmar. La Corte que deja Margarita Luna, es muy distinta a la que la vio llegar. Ahora el reto de sus pares en un momento particularmente delicado, es reafirmar con decisiones jurídicas su condición de Poder ajeno a los intereses de un Presidente dispuesto a intervenirlos para defender lo que desdePalacio Nacional considera justo y moralmente aceptable.

Cómo nunca antes, la toga debe significar respeto, seriedad y autoridad para fortalecer la imagen de las ministras y ministros como guardianes de la Constitución que todos los días se invoca, pero cuyo cumplimiento depende de la interpretación que el tlatoani desea darle en sus sermones cotidianos.

EDICTOS

En los próximos días se confirmará en el Senado la designación de Yasmín Esquivel Mossa como ministra de la Corte, para ocupar la vacante que dejará Margarita Luna Ramos. La magistrada alista su llegada al máximo tribunal, en el que tendrá la oportunidad de demostrar independencia de criterio a pesar de la estrecha cercanía de su esposo con el Presidente de la República. Vendrán los proyectos, posicionamientos y votos que serán el parámetro para calificar su autonomía.

 

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