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Es insólito que aún existan hechos o expresiones que cuestionen el valor de todo lo no masculino en el deporte

Respeto  para tod@s

stimado fan, en los últimos días pudiste recibir información desagradable que quizá para hoy resulta tediosa, pero no es algo que debas ignorar o por ello encogerte de hombros: la falta de respeto permanece en México sobre el valor que no necesariamente aportan los hombres al deporte.

En tiempos modernos, una sociedad civilizada es, ante todo, incluyente. Entonces es ilógico e insultante que en la actividad deportiva profesional que fluye hacia las masas existan exabruptos, más que misóginos, estúpidos, lo que evidencia un atraso.

Inclusión no significa solamente incluir, integrar, aglomerar. El concepto es amplio, cuando se utiliza y comprende para designar toda tendencia o actitud política que no sólo incluya, sino que procure, la contribución de sus talentos, para que estos sean correspondidos por beneficios que la propia sociedad les pueda ofrecer. No se trata sólo de unir, sino de involucrar a las personas. Para que esto resulte hay que aceptar y NUNCA discriminar. De hecho, en pedagogía, el término hace referencia al modo en que la escuela da cabida a la diversidad.

En días anteriores, el aún técnico de Monarcas femenil, Filadelfo Rangel, se aventó la puntada de decir que las mujeres son más indecisas que el hombre, y (no sólo en el deporte, sino) hasta en la vida (en general), eh, como respuesta a la prensa sobre por qué no disparaban de media distancia, luego del empate a cero de su escuadra con las Centellas del Necaxa. Tuvo que disculparse públicamente y recibió una sanción económica. Por supuesto que pudo no haber dolo en sus palabras, pero tampoco fue consciente de su investidura como representante de un equipo femenil, y que su conducta es vehículo de marca al expresarse en una conferencia, y en eso sí que es un deber compartido con el club que le paga y cuya imagen personal permea a la de toda su empresa.

Debiera estar extinto, pero todavía quedan rezagos del pensamiento machista que clasifica a lo valioso a partir de lo que está hecho por los hombres.

En este problema no importan tanto las etiquetas, sino lo que se haga con ellas. No sólo es un asunto de misoginia —aversión al género femenino—, tampoco de misandría —la animadversión a lo masculino— ni la homofobia —o rechazo a lo homosexual—, se trata de acabar con la exclusión de las personas por su forma de pensar decir o hacer o por su manera de vestir o sus preferencias.

La misantropía es el odio al género humano, al trato con los demás, y eso es un tumor que crece en días recientes.

El deporte aglomera a los más positivos valores universales y no jerarquiza por géneros, credos, clases sociales, razas o ideología. La inclusión es el respeto y aceptación al ser humano.

Bien por Ana Guevara y su configuración incluyente de la nueva Conade.

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